Ángel del Río | Miércoles 05 de mayo de 2010
El horno político se caldea con las encuestas sobre intención de voto, con los sondeos, con las prospecciones electorales. Encuestas, sondeos y prospecciones que son según el color del cristal con el que se miran. Hay encuestas hechas por los afines; otras que parecen forjadas con fuego amigo; también aquellas que más que una intención de voto indican una intención de dirigir el voto. En cualquier caso, a un año vista de las elecciones municipales y autonómicas, las encuestas no pueden ir más allá de marcar una tendencia siempre sujeta a cambios. Cada uno cuenta la feria de los sondeos según le va. Y cada cual hace una lectura interesada de los datos, para coincidir todos en un tópico de invocación general, según el cual, las encuestas reales son aquellas que los ciudadanos contestan en las urnas en día de la cita electoral. Elemental.
Pero las encuestas están ahí, ya no hay partido ni político que se precie, que no aparezca en un sondeo. Las encuestas proporcionan a las empresas demoscópicas su razón de ser, crean y mantienen muchos puestos de trabajo, como mantienen en el fondo muchas ilusiones, aunque sean el oscuro objeto del deseo que envenena los sueños del político.
Con la primavera del año preelectoral estamos asistiendo a una auténtica floración de sondeos; salen como setas y aquí en Madrid, parecen que todos apuestan al mismo caballo ganador: el Partido Popular, que refrendaría una nueva mayoría absoluta, tanto en la Comunidad como en el Ayuntamiento capitalino. Hasta la encuesta del pasado domingo en El País, coincidía en esta previsión de mayoría absoluta para los populares. Sin embargo, el líder de los socialistas madrileños, Tomás Gómez, nos sorprendía el lunes asegurando que tiene encuestas, de las buenas, de las chachi chipén, que indican la pérdida de la mayoría absoluta de Esperanza Aguirre en la Comunidad de Madrid. Tengo curiosidad personal por conocer esas encuestas que tan distintas son al resto, que prevén unos resultados diametralmente opuestos a los que indican los demás sondeos.
Me gustaría que Tomás Gómez hiciera públicas esas encuestas, con todos los datos que las avalen. Sería la única forma de cerciorarnos de que la tendencia, al menos la que conoce Gómez, va contracorriente de lo que parece una realidad distinta. Quizá si esas encuestas fueran fiables, rigurosas, con amplio espectro, fueran la tabla de salvación del propio Tomás Gómez, cuya situación en el partido no atraviesa por los mejores momentos: la dirección no refrenda oficialmente su candidatura a la Comunidad de Madrid, aunque se empeñe cada día en sentirse el candidato, y además, su manifiesto enfrentamiento con José Blanco es probable que entorpezca su candidatura, porque conociendo a Blanco, a Gómez se le pone el panorama bastante gris, tirando a negro oscuro como el carbón, salvo que esas encuestas sorprendentes que dice tener, le rescaten de una situación difícil.
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