Opinión

El velo cubre la cabeza de Najwa y descubre la de los demás

Nino Olmeda | Martes 27 de abril de 2010
Najwa Malha, española, musulmana de 16 años y que tuvo que dejar su centro escolar de Pozuelo de Alarcón por cubrir su cabeza con un velo llamado hiyab, se ha convertido en protagonista, a su pesar,  de los últimos días. El velo, uno parecido se ponían nuestras madres y abuelas como signo de respeto en momentos de duelo familiar y algunas no se lo quitaban durante meses. A nadie le extrañaba, eran costumbres de un país gobernado por indeseables y unido íntimamente a la Iglesia Católica, Apostólica y Romana. Eran otros tiempos. Ahora, si una mujer se cubre la cabeza, la primera reacción es negativa porque hablamos de oídas y sacamos el manual del buen español.

Es un símbolo de sumisión de la mujer, dicen muchos, entre ellos los representantes de todas las formaciones parlamentarias, sin tener en cuenta que sumisión se produce cuando la persona que lleva el pañuelo lo hace contra su voluntad. La derecha, el PP, defiende el cumplimiento de los reglamentos internos de cada colegio y arremete contra esta prenda de sojuzgamiento para las que lo llevan puesto. Eso dicen. La izquierda socialista, igual que la derecha, construye argumentos no para provocar la reflexión de los demás si no para diferenciarse de la derecha. La otra izquierda, IU, tampoco se  moja mucho y se engancha a la necesidad de garantizar la escolarización de Najwa.

Mis dudas salen a borbotones y pienso que el hiyab, que  es un símbolo religioso no católico que aparece en el Corán interpretado por los musulmanes más conservadores y que usan miles de ciudadanas españoles, no me gusta, pero mi ansía por respetar al diferente me lleva a defender el derecho individual de llevar, incluso en el colegio, lo que le parezca más adecuado,  siempre que se respeten las normas básicas de urbanidad. No tengo nada claro, pero mis ideas se sueldan al comprobar las contradicciones de los que ven mal el velo en un centro educativo concreto y menos mal en otro situado a cientos de metros del primero.

Si es un signo que humilla a la mujer, significará lo mismo en una calle que en otra de un mismo municipio. No es un problema de interpretación religiosa sino de respeto a los diferentes, a los que son como nosotros, humanos, pero con gustos, preferencias y prioridades distintas. El velo de Najwa cubre su cabeza y descubre la de los demás. Entonces encontramos que tiene más peligro lo que pasa por las cabezas de los que analizan lo que llevan  los demás que el velo de la escolar de Pozuelo. A mí no me molesta que esa prenda cubra la cabeza  de escolares madrileñas que deseen ponérselo libremente.  La libertad es el método a seguir para juzgar a los demás. El primer colegio de esta niña la puso de patitas en la calle por contravenir la prohibición de llevar prendas en la cabeza, el segundo, cuyo reglamento permitía llevar esa prenda, a mitad del curso escolar cambia las reglas de juego y de la noche a la mañana se convierte en  prohibicionista y el tercero, sí da cuartelillo a esta estudiante y abre las puertas de sus clases a  Najwa.

¿Qué tienen en la cabeza lo que han actuado así? Me da miedo pensar en ello. ¿Qué hacer? No lo sé, pero estoy seguro de que hay que poner sobre la mesa de este necesario debate todas las opiniones, sin miedo a nada ni a coincidir con el adversario político. ¿Qué tienen en la cabeza aquellos que sólo expresan bonitas frases que nadan entre la nada y la nada? Nada. Sólo sus miedos, sus odios, su ignorancia, su uso descarado de este asunto para fines raros y las ganas de no aprender de los demás ni de abrir su mente a nuevas percepciones. Eso es lo que descubre el velo en los demás. Lo  que hay en las cabezas de los que no saben qué decir cuando encuentran una niña con el velo cubriendo su cabeza.

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