Mara Colás Amor | Lunes 19 de abril de 2010
Mientras el caos de no poder volar entre cenizas de volcán islandés ha paralizado Europa y el posible crecimiento económico está en peligro por este capricho de la naturaleza viva, aquí estamos atravesando densos nubarrones de cenizas que también afectan al vuelo de la justicia española, que impiden que los aviones de la independencia de la legalidad lo atraviesen sin dañar los motores del futuro.
Aún mas cerca, de manera más local, el caos nos lo produce las lluvias en Madrid. ¿Qué nos pasa que nos entorpecen tanto las aguas limpiadoras regalo del cielo, y nos incapacita a ser hábiles y solidarios conductores, convirtiendo Madrid en un caos?. ¿Porqué no sabemos conducir cuando llueve?. Es lo mismo, pero con más precaución.
¿Y qué le pasa al colectivo de taxistas madrileños, no en su totalidad pero si en la mayoría, que tras la brasa dada hace algún tiempo por las supuestas invasiones a su carril, consiguieron blindarlo y convertirlo en esos túneles abiertos azules que han dejado muchas de nuestras calles restringidas a un carril menos, de los tres en calles como Guzmán el Bueno o Conde de Peñalver, se restó al suyo y uno más y solo nos han dejado uno para todos los demás; y los conductores madrileños vemos ahora un desierto a nuestra derecha acotado vacío y libre, mientras vamos rodeados de taxistas que se unen de manera altruista a sumar caos a nuestro permanente atasco madrileño.
¿Es o no es esto una indecencia insolidaria y absurda? ¿No les gusta circular por su privilegiado y cerrado carril señores? ¡Pues usémoslo todos los demás!.
Desconozco la inversión del coste de los plásticos azules, pero adivino que no debió ser frugal y es que entre los capirotes de granito o hierro para imposibilitar parar un segundo a nadie, la falta de respeto a quienes circulan y pagan por hacerlo, desde la administración, frente a tanta acera para tanto peatón, que yo no veo; y las amenazas de posibles recortes del limite de velocidad de circulación, deberíamos dejar los coches y lanzarnos a caminar por las calles de Madrid; llegaríamos antes, nadie nos cobraría por nada y los que piensan estos absurdos tendrían que dimitir por incapacidad manifiesta y arcas vacías.
Y a los que utilizáis el servicio del taxi madrileño: decir vosotros por dónde deben ir, y si se salen del carril bus, y pensáis que se avanza más por él, obligadles a entrar, que el cliente es quien, como paga, manda.
Yo lo hago y si me dicen que es mejor ir por fuera que bla bla bla bla, les contesto que prefiero equivocarme yo y así me enfado menos. Suele sentarles fatal, pero también suelo llegar antes...
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