Elviro Aranda Álvarez | Lunes 19 de abril de 2010
Resulta desolador el espectáculo de “política Chikilicuatre” que ha dado la Sra. Aguirre ante la reclamación de siete alcaldes, ¡socialistas, si! Pero representantes de millón y medio de madrileños, que la semana pasada se movilizaron para reclamarle una reunión en la que poder exponer sus proyectos para reactivar económica y socialmente sus municipios.
Los alcaldes de los municipios de Getafe, Leganés, Alcorcón, Parla, Aranjuez, Fuenlabrada y Pinto han diseñado un Plan Estratégico del Sur con medidas concretas en educación, sanidad, infraestructuras y desarrollo industrial, que pretende relanzar económicamente la zona y dar un impulso al empleo. Un Plan que, de llevarse a término, dignificaría servicios sociales depauperados durante los últimos años, crearía 30 millones de metros cuadrados de suelo industrial y generaría 200.000 nuevos empleos en la industria madrileña. Se podrá estar o no de acuerdo con el Plan de los alcaldes del sur. Con las medidas de política social a tomar, con los proyectos industriales a realizar, con las inversiones en educación o sanidad que reclaman. Incluso es comprensible si se dice que algunos de esos proyectos hoy día son imposibles de realizar por la grave crisis que atravesamos y necesidad de austeridad en el gasto. Pero es totalmente inaceptable el comportamiento “chulesco”, “frívolo”, “vejatorio” y “amenazador” con el que se ha obsequiado a los alcaldes del sur en la Real Casa de Correos.
La cosa ya empezó mal el día en el que los alcaldes decidieron hacerse oír yendo a pié desde Getafe hasta la Puerta del Sol para reclamar de la Presidenta una reunión que tenían solicitada hacía un año. Se dijo que era “una romería”, “un acto de campaña electoral”, “ganas de perder el tiempo en numeritos para la prensa que lo único que hace es despistarles de las obligaciones con sus municipios y sus ciudadanos”. Es decir, en vez de respetar el derecho de expresión y la libertad de reclamación y protesta que todo ciudadano tiene, más aún si es representante público, desde la Presidencia y las Consejerías de la Comunidad se activa una estrategia de desautorización mediante “gracietas, frivolidades” y con insinuaciones amenazadoras sobre de donde había salido el dinero para montar el acto.
Al día siguiente llegó la entrevista con la Sra. Presidenta, y como todo estaba bien diseñado por doña Esperanza Aguirre para que no se hablara de lo importante: el Plan Estratégico del Sur, había que seguir atizando la chulería, la desconsideración y los debates inútiles que pudieran llenar las páginas de la prensa y ocultar lo que allí se pretendía reclamar.
Para ello, se monta la trifulca de los cartelitos “alcaldes socialistas del sur”, el Vicepresidente Granados en la rueda de prensa se dedica a meterse con el PSM y ha decir que con lo que han planteado los alcaldes tan solo se podía hablar de filosofía, y otras ocurrencias similares. Nuevamente, procurar que la reunión quede en un rifirrafe propio de comadres de una corrala cualquiera de aquellas que abundaban en el Madrid de finales del XIX.
La conclusión de todo esto. Pues una muestra más de cómo está la política madrileña. A un nivel que, o cambiamos pronto, o un día de estos hay que cerrar por incompetencia generalizada. Mientras tenemos medio millón de madrileños en el paro, se destruyen empresas y oportunidades de empleo para autónomos, se deteriora la enseñanza pública, se vende la sanidad madrileña, se tiene paralizada la aplicación de la ley de la dependencia y se estrangula la universidad, nos hemos instalado en la política del espectáculo y el sensacionalismo.
Lo importante ya no es tener buenos proyectos políticos y equipos profesionales para poder ejecutarlos. Ahora lo que importa es que la política y a los políticos se les vea formando parte del gran escenario sálvame de luxe o gran hermano. En esta “tragicomedia” el partido político es poco más que una fabrica para construir “chascarrillos” del Club de la Comedia y sus dirigentes y portavoces sujetos formados para, desde la vacuidad, ser los más ingeniosos y dicharacheros. Nos sorprendemos todos los días de la antipolítica instalada en Italia, ¿pero alguien se ha parado a pensar en el estado en el que la política está en la Comunidad de Madrid?
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