Social

"No es lo mismo fumarse un porro con 40 años que con 13"

José Luis Sancho, director de Proyecto Hombre Madrid

Lucía de la Fuente | Martes 20 de abril de 2010
Hace 25 años nació Proyecto Hombre, una ONG que brinda su apoyo a drogodependientes. Madridiario ha entrevistado a su director, José Luis Sancho, para repasar cómo han evolucionado la asociación y los hábitos de consumo en este tiempo. Entre otros asuntos, Sancho destacó que ahora el contacto con las drogas empieza antes y que está más aceptado por la sociedad que, además de restarle importancia, muchas veces olvida que "no es lo mismo fumarse un porro con 40 años que con 13, cuando el cerebro está en pleno desarrollo".

Proyecto Hombre cumple 25 años dedicados a la prevención, tratamiento y rehabilitación de las drogodependencias. ¿Cuáles diría que han sido los principales logros que se han alcanzado en este tiempo?
El principal logro de Proyecto Hombre durante estos 25 años son las historias de vida que han salido adelante. Hemos acompañado a mucha gente en el proceso de hacerse cargo de su propia historia, saliendo de situaciones verdaderamente dramáticas. Ese es el principal logro, incluso en aquellos casos en los que hemos visto morir a nuestros usuarios. No olvidemos que el SIDA les ha afectado más que a ningún otro colectivo.

También hemos conseguido crear una organización seria que se ocupa de un grupo muy desatendido que incluso producía miedo, y hemos enseñado a nuestra sociedad que el consumo de drogas no es algo que afecte en exclusiva a personas con falta de recursos económicos o en situación de exclusión. El consumo de drogas y la problemática que genera empiezan afectar a cualquiera.

En estos años, además, nos hemos convencido de que la prevención es vital. Ayudar a chavales y a familias a que no se metan en el mundo de las drogas es otro de nuestros grandes logros.Y todo porque contamos con un equipo de profesionales, tanto contratados como voluntarios, de lujo. Somos 277 trabajadores contratados y unos 150 voluntarios en la Comunidad de Madrid. Quiero dejar claro que los voluntarios no ocupan puestos de contratados. Los voluntarios hacen voluntariado; Proyecto Hombre no se ahorra costes a través de voluntarios, no está en nuestra filosofía.

¿Cómo ha cambiado el perfil del drogodependiente en este tiempo? ¿Es cierto que se ha pasado de la imagen del heroinómano marginal al cocainómano más integrado en la sociedad?
Hemos pasado de la persona en situación de exclusión social, deteriorada, enferma y que delinquía para costearse la sustancia, a la persona integrada socialmente que consume en contextos de ocio o de trabajo. Este nuevo perfil está produciendo los mismos problemas en su entorno, pero su deterioro a corto plazo es menor, aunque a medio y largo plazo acabará siendo el mismo, porque evidentemente cuando mantienes una adicción acaba saliendo. Acabas rompiendo tu mundo de relaciones, tu mundo laboral, tu mundo de afectos, y generándote a ti mismo una situación de exclusión.

Y en cuanto a las mujeres, ¿es verdad que cada vez son más las que padecen estos problemas? ¿Estamos asistiendo a una ‘feminización’ de la adicción a las drogas?

No puedo afirmarlo con rotundidad. Cuando consumen, las mujeres lo siguen haciendo más a nivel individual, más en la intimidad, ocultando el problema. Nos guste o no, siguen siendo las que se hacen cargo de las responsabilidades familiares.

Un efecto paradójico de género es que cuando una mujer tiene un problema con las drogas lo tiene de manera mucho más severa e insidiosa que cualquier hombre. Esto sucede por una razón sencilla: el fenómeno de las drogodependencias es enteramente masculino, cuando una mujer se mete en esta dinámica de deterioro es porque ha experimentado más situaciones de riesgo y se ha expuesto a muchos más problemas. Así que, cuando llega, lo hace mucho más deteriorada.

¿Cómo ha evolucionado el consumo en menores? ¿Se inician ahora antes que hace 25 años?
En este momento estamos en una situación de estabilización. Tenemos unas edades de inicio que son prácticamente iguales que el año anterior y el anterior. Pero las edades siguen siendo muy tempranas. El consumo de alcohol se inicia a los 13,5 años, cannabis a los 14,5 y cocaína a los 15,5. A diferencia de otras épocas, el agravante de ahora es que se considera que el consumo en contextos de ocio es algo normal, con todo lo que eso implica en cuanto a ausencia de percepción de riesgos. No es lo mismo ‘fumarse un porro’ con 40 años que con 13, no afecta de la misma manera en los procesos de desarrollo cerebral. Eso tiene unas implicaciones en los procesos de maduración personal porque estás marcando la historia de desarrollo de esa persona.

En este sentido, Proyecto Hombre colabora con la Agencia para la Reeducación y Reinserción del Menor Infractor (ARRMI) de la Comunidad de Madrid, ¿Qué actividades llevan a cabo conjuntamente? ¿Cómo valora esta colaboración?

Nuestra colaboración con la ARRMI me resulta muy satisfactoria porque estamos interviniendo sobre lo que creemos que es el problema fundamental en adolescentes. Chavales que no maduran adecuadamente y que realizan conductas desadaptadas como consumir drogas o cometer delitos. En ambos casos estamos hablando de un adolescente desorientado que necesita ser acompañado en el proceso de maduración, con lo cual yo estoy encantado. Tenemos tres líneas de colaboración: una es un centro de día con menores con medidas judiciales, otra es un programa educativo en prevención de drogodependencias dentro de los centros privados, y la que va en la línea de la investigación de los factores implicados en las conductas de consumo de drogas.

¿A cuántas personas atiende cada año Proyecto Hombre en la Comunidad de Madrid?

El año pasado atendimos a unas 1.700 personas a través de dieciséis programas en ocho centros. Este año probablemente sean más porque estamos prestando servicios a la Agencia Antidroga de la Comunidad de Madrid. La red de atención a drogodependientes en nuestra Comunidad es una de las más potentes. Las ONG estamos haciendo además una labor de compensación para llegar a aquellos huecos donde ninguna de las administraciones llega.

¿Cómo está distribuido actualmente el ‘mapa de la droga’ en Madrid? ¿El poblado de Las Barranquillas sigue sin estar totalmente desmantelado?
En Las Barranquillas sigue habiendo algo. Solo existe un mapa para el reparto de drogas en los contextos más marginalizados pero para el resto no existe mapa, conseguir droga es la cosa más fácil del mundo. Si usted se pasa un viernes por la tarde a la zona de los bajos de Aurrerá o a cualquier barrio de la ciudad es fácil saber quién puede facilitarle sustancias. Y eso si hablamos de las drogas ilegalizadas. Si hablamos del tabaco o el alcohol es para llevarnos las manos a la cabeza. Es llamativo que nuestros chavales de 13 años puedan conseguir alcohol y no pase nada.

¿Cómo acude la gente a Proyecto Hombre? ¿Suele ser iniciativa de los familiares o del propio drogodependiente?

Depende de la edad del usuario y de las familias. Cuando estamos hablando de jóvenes de entre trece y 'veintipico' años, lo normal es que sean las familias las que acudan diciendo: “Tengo un problema con mi hijo y necesito ayuda”. Cuando ya son personas más adultas es al revés. Viene el propio afectado y dice “no puedo más, necesito ayuda”. Hay usuarios que nos dicen que su pareja o su familia les han dicho “hasta aquí”. Incluso hay casos en los que es el propio juez el que les pone la condición.

Ahora, con la crisis, se comenta que está aumentando el consumo de heroína, más barata que la cocaína. ¿Esto es así?
El incremento del consumo de heroína, por suerte y que siga así, no es especialmente llamativo. Lo que sí estamos experimentando es un aumento del consumo de drogas de síntesis, que son más baratas que la cocaína (éxtasis, speed…).

Usted lleva en el cargo desde septiembre de 2009, ¿Qué retos se plantea de cara al futuro como nuevo director?
No hay nada nuevo bajo el sol. No soy ni tan listo ni tan prepotente como para decir que lo voy a hacer mejor que mis antecesores. Eso sí, me planteo apostar por la prevención. Además, se debe mejorar la calidad de la atención que damos a nuestros usuarios. Lo estamos haciendo muy bien, pero creo que podemos hacerlo mejor tanto a nivel técnico como a nivel humano. Aunque es verdad que trabajar en lo social va ligado con la escasa remuneración. Hay conductores de la EMT que ganan más que muchos de mis psicólogos.

Yo soy especialista en menores y he trabajado con ellos a lo largo de toda mi trayectoria profesional. Este cambio me ha supuesto el volver a ver una realidad mucho más dura que hacía mucho que no miraba: enfermos de muy larga duración (el ‘heroinómano de toda la vida’), consumidores adultos… Con los jóvenes, aunque las situaciones sean muy dramáticas, siempre hay más esperanza.