Opinión

El rigor de Tomás Gómez

Rafael Martínez-Simancas | Martes 13 de abril de 2010
Como si fuera una nómina de castigados sin postre el dirigente del PSM, Tomás Gómez, hacía pública una lista de cuarenta y cinco personas de la Comunidad de Madrid que presuntamente estarían relacionados con la trama “Gurtel”. El secretario general de los socialistas anunció que para confeccionar la relación había sido “muy estricto”; quizá sólo con que hubiera sido “estricto” hubiera resultado suficiente puesto que ella ha incluido a un difunto. Y, salvo que se modifique la ley penal, la responsabilidad se extingue con la muerte del individuo. Así que Tomás Gómez le debe una explicación a la familia de Matías Morante de la Calle que fue subdirector general de Régimen Interior y de Servicios Generales de la Consejería de Educación, (fallecido el 15 de abril de 2007, es decir que se ha acordado de él justo en su aniversario). Y, quizá, también le deba una explicación al resto de presuntos a los que ha acusado con argumentos débiles, en algunos casos por estar en el círculo próximo de Esperanza Aguirre.

Sorprende que Tomás Gómez haya invertido tanto tiempo en una lista que es de ilustres desconocidos en su mayoría. Pasando de la tercera línea uno entra en cargos técnicos, secundarios, o directamente en responsables de negociado que hasta el momento eran unos desconocidos para la opinión pública y, ahora, tienen una “pena extra de buzón”, (la que se refiere al cotilleo de los vecinos que buscarán sus nombres para cerciorarse de que son ellos). Y, hasta que el juez admita o no las imputaciones, unos cuantos madrileños ven cómo su nombre aparece publicado en una relación de la ignominia y sin posibilidad de defensa.

Cabe hacerse la pregunta de si, en caso de no ser admitido el nombre de alguna de esas personas entonces Tomás Gómez rectificará con otra lista, pedirá excusas y hará otro acto público para pedir perdón por la falta de rigor. ¿En realidad sólo eran cuarenta y cinco?, ¿O fueron cuarenta?, ¿O ciento uno como los Dálmatas? Jardiel Poncela, amante del surrealismo como Tomás Gómez, llegó a publicar un libro que se llamó: “Pero… ¿Hubo alguna vez once mil vírgenes?”, y tampoco obtuvo respuesta.

Una oposición de propuestas y de críticas no es compatible con estos juegos de primavera. El proyecto socialista para Madrid, siendo crítico y duro con el poder de Aguirre, no debe confundirse con cotilleo de patio. Cabe esperar de Tomás Gómez otra manera de hacer política, e incluso alguna manera de hacer política tampoco estaría mal.

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