Opinión

¡Qué suerte tienen algunos!

Mara Colás Amor | Lunes 12 de abril de 2010
Ahora en los tiempos de crisis que corren a muchos de nosotros, con rentas majas y saneadas, los bancos no nos dan hipotecas, aunque los inmuebles sean de nueva adquisición y calidad más que notable;  pero mi  Jose tiene suerte porque siendo como es,  tan humilde  y con los informes económicos que presentó el pasado año, junto con el resto de sus compañeros de gobierno, no tendría capacidad económica para conseguir pagar ni de lejos tantos chollos como consigue. Y eso sin hablar de las obras, que por suerte,  igual,  sus solícitos amigos le deben ayudar.

Ahora de nuevo, tras el bonito piso para su chico, Jose ha encontrado una nueva oportunidad que yo llevo tiempo buscando en Madrid, ¡un ático!.... y nada menos que en la calle San Justo, pero además  por solo un millón de euros; y no sé cómo se me ha escapado ese a mí,  debe ser el único en Madrid, porque mira que miro, pero nada, no bajan a esos precios nunca.
Pero ya he sabido que no eran esos los datos; me cuentan que ese mismo piso se vendía en un millón ochocientos mil euros, trescientos milloncetes de las antiguas pesetas que se han quedado en solo ciento sesenta y tantos.

Lo que opino de Bono... mucha suerte, o tener más que mucha suerte.
Como la suerte que tiene Aminatu Haidar, esa señora que se puso en huelga de hambre aquí, y que tuvo a nuestro país en jaque, en situación de grave conflicto internacional, porque ella quería volver a su país a morir y que Marruecos reconociera al pueblo saharaui. Y se fue, pero volvió, como todos.
Y en este nuevo presente se lo pasa pipa hablando, y recogiendo dinero, nuestro, español y hablando mal de nuestro gobierno, o de España, que me da igual que me da lo mismo. Pues qué suerte hija,  y qué bien para esta señora  porque aún la escuchan. ¿No quería irse a su tierra a luchar por sus ideas, pues qué hace aquí?

Suerte porque le han dejado volver a traspasar nuestras fronteras después de la que nos armó y más suerte porque si su huelga de hambre hubiera sido en su país y contra de su gobierno, probablemente no lo hubiera contado, de la misma manera valiente que los cubanos disienten de su gobierno en su propio territorio. Así que menuda suerte tienen algunos... y nosotros qué poca, haciéndonos siempre cargo de cualquier absurdo que nos caiga. Tenemos menos suerte,  pero si tenemos unas tragaderas de tamaño industrial y un bolsillo que da para todo lo que otros quieran

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