Celia G. Naranjo | Sábado 07 de agosto de 2010
El Teresa de Calcuta, centro de reeducación de menores situado en Brea de Tajo, se autoabastece de pan y magdalenas gracias al taller de panadería con el que varios internos aprenden un nuevo oficio. Y pronto sus productos se consumirán fuera.
Poco después de traspasar las esclusas de entrada a este centro de la Agencia para la Reeducación y Reinserción del Menor Infractor (ARRMI), dependiente de la Consejería de Presidencia, Justicia e Interior, y gestionado por Ginso, el olor a pan asalta al visitante. El aroma le guía hasta la zona de talleres, donde se fabrica todo el pan que se consume en el centro y también magdalenas para el desayuno.
Para ello, un joven interno se pone manos a la obra a las 4.30 horas de la madrugada. Acompañado de su monitor, se ocupa de poner en marcha la panadería para que a las 11.00 horas esté todo el pan crujiente y listo para que los 150 menores que cumplen sus medidas judiciales en el centro disfruten de su bocadillo.
Tanto él como otro de los internos están contratados. De esta forma, tienen la oportunidad de aprender un oficio que no solo ayude en su reinserción, cuando salden su deuda con la justicia, sino que contribuya a mantener a sus familias.
Y es que muchos chicos se ven obligados a trabajar —bien por exigencias de su situación económica, bien porque prefieren ese camino en vez de estudiar— cuando salen del centro, o bien antes, cuando el régimen de internamiento —el semiabierto o el abierto— se lo permite.
Para hacer esto posible, Ginso firmó un convenio con el panadero de Brea de Tajo para que se ocupe de formar a estos chavales en el oficio y contrate hasta a cinco para que lleven a cabo esta tarea.
Además, muy pronto, el pan y los productos que se fabrican en este taller podrán venderse en el pueblo e incluso en otros puntos de la Comunidad de Madrid. El acuerdo contempla que hasta cinco menores puedan ser contratados para este menester.