Opinión

Las otras caras de Gran Vía

Sara Medialdea | Domingo 04 de abril de 2010
Cien años no son moco de pavo. Y la Gran Vía no es cualquier calle: es especial. Está muy bien que celebremos su aniversario con todo tipo de homenajes, recuerdos, exposiciones, conferencias y paseos. Pero ¿no sería buen momento para hacerle un hueco a esas traseras de la Gran Vía, esas otras calles que te encuentras a poco que tuerzas la primera a la derecha, o la segunda a la izquierda, que para el caso es lo mismo. Esas Barco, Desengaño y tantas otras ... En estos días en que pasan por allí, además de todos los turistas que nos visitan -como siempre-, centenares de políticos, periodistas, fotógrafos, cámaras de televisión, etcétera, quizá sea la hora de asomarse por cualquier callejuela y ver qué nos aguarda detrás.

Ya sé que hay planes urbanísticos en el entorno; que algunas zonas, como la plaza de Luna, ha sido recientemente rehabilitada. Que se intenta ganarle terreno a la marginación por la via de la apertura de comercios de diseño y vanguardia -ahí está el proyecto Triball, viento en popa-. Pero a quien se confunda y, en pleno paseo, se le ocurra meterse por alguno de los vericuetos que dan a la trasera de la Gran Vía, le va a resultar muy duro ver lo que va a ver, y encontrarse con un mundo tan diferente del neón y del glamour neoyorquino que se pretende para la gran avenida.

La Gran Vía supuso una operación de cirugía mayor en la ciudad, acabó con calles antihigiénicas y con viviendas muy pobres. Pero queda mucho de chabolismo vertical en la zona, y mucho de mugre social en las calles. Y a todo ello hay que ponerle remedio, con dinero, con refuerzos policiales, con actividades que atraigan personal y con nuevas infraestructuras y equipamientos. Más que nada, para que no se quede todo en la bonita fachada de la Gran Vía; para que poder pasear por sus traseras sea también un lujo.

TEMAS RELACIONADOS: