Opinión

Neira cae mal

Alfredo Menéndez | Lunes 29 de marzo de 2010
Hace tiempo que el profesor Jesús Neira ha traspasado una delgada y pequeña línea roja que le ha hecho perder alguna de las adhesiones inquebrantables que se ganó a pulso con tan heroica acción y que seguramente nunca le agradeceremos lo suficiente. No estamos en este mundo para caer bien o para caer mal. Y desde luego nadie obliga a nadie a tener que ser Miss Simpatía para que a uno le reconozcan el mérito. El profesor hizo algo que el 99% de nosotros no sería capaz de imaginar y esa abnegación le hizo ganarse el cariño y el respeto de millones de madrileños que veían en él un ejemplo del hombre moderno: el que es capaz de jugarse su integridad para defender a una desconocida que estaba siendo agredida, vejada y maltratada.

Pero al igual que con un gesto tan simple y tan complejo se ganó a toda la sociedad civil y a toda la clase política madrileña el profesor tiene luego otros gestos que le hacen perder parte de ese apoyo invisible y ciudadano. Por ejemplo: no supo digerir la puesta en libertad de su agresor, en contra de la opinión de su propio letrado, que creía que el auto era impecable. ¿socialmente duro? ¿moralmente reprobable? Esto está por ver. Pero legalmente, impecable. Tuvo declaraciones un tanto estrambóticas como la intención de sacarse una licencia de armas porque tenía miedo. Ese mismo sistema que le ha reconocido hasta la saciedad su méritod, es capaz de garantizar su seguridad. No hace falta un Sheriff que se tome la justicia por su mano, por mucha cobertura moral que le dé haber hecho lo que ha hecho.

Y lo último es esta declaración en los juzgados de Majadahonda en dos tiempos. La juez, con muy buen criterio, ha pensado que si Neira está en perfecto estado de revista para acudir por las noches a una entrevista en un plató de televisión y a la mañana siguiente a la reunión del observatorio regional contra la violencia de género, pues debe estar bien para ratificar su declaración.

Ese punto de soberbia que acompaña al profesor de vez en cuando no le ayuda nada. Y seguramente hay una buena dosis de la tensión de la que somos responsables los medios de comunicación: por la tremenda cobertura mediática que le hemos dado al caso y por el escaso respeto que habitualmente mostramos por su figura, entrando en persecuciones micrófono en mano y acosos que pueden desesperar a cualquiera. Creí que nunca iba a tener que decir esto: pero hay días en los que Neira cae mal.

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