Óscar Iglesias | Miércoles 24 de marzo de 2010
Si algo ha caracterizado a la democracia española desde su restablecimiento en 1977 ha sido la tolerancia. Gracias a ella se pudieron superar las grandes querellas del pasado, llegar a acuerdos tan históricos como imprescindibles para la modernización del país y, sobre todo, sentar las bases de una convivencia en libertad y mutuo respeto, tal y como se había venido haciendo desde hacía décadas en los países de nuestro entorno europeo. Se nos ha admirado por ello, y no era para menos.
Pero da la impresión de que algunos están muy interesados en que eso cambie, de que el ambiente político y ciudadano se enrarezca, de que la intolerancia, que habíamos expulsado sin honores por la puerta, vuelva por la ventana. Un día nos encontramos con descalificaciones del adversario político tan gruesas que le dejan a uno anonadado, estupefacto hasta el punto de tener dificultades para reaccionar. Me ha pasado esta semana con las declaraciones de D. Jaime Mayor Oreja, que ha afirmado el mismo día que los presidentes Sarkozy y Zapatero rendían honores al policía galo asesinado por los terroristas que el proyecto del Jefe del Gobierno y el de ETA “son aliados potenciales”.
Otro día nos encontramos con que un grupo de energúmenos agrede a la salida de su despacho al Rector de la Universidad Complutense, D. Carlos Berzosa, hiriendo a dos empleados de seguridad, para protestar contra algo tan “grave” e “ilógico” como que los Colegios Mayores públicos sean mixtos, es decir, que convivan y estudien en ellos con absoluta normalidad –como en cualquier otro lugar de nuestra sociedad- mujeres y hombres. Vándalos del Siglo XXI con ideas del XIX, qué duda cabe.
Hay que poner fin a esta situación, antes que nada, exigiendo a los responsables políticos que no se comportan con responsabilidad y creen que todo vale que abandonen el insulto, la frase gruesa y el populismo. Harán así honor al cargo que ejercen, actuarán en coherencia con lo que fue la transición a la democracia, con lo que es y significa la democracia, y no tirarán piedras contra su propio tejado, porque sus palabras –aunque ellos no lo crean- alimentan un huevo de la serpiente que hoy dirige sus ataques contra los de enfrente, pero un día se volverá contra ellos mismos.
Por eso pido la palabra y la tolerancia.
Óscar Iglesias es presidente del Grupo Municipal Socialista
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