Celia G. Naranjo | Sábado 27 de marzo de 2010
Desde finales de diciembre, Juana Mateo dirige el Lavadero, un nuevo centro de régimen semiabierto de la Agencia para la Reeducación y Reinserción del Menor Infractor (ARRMI), dependiente de la Consejería de Presidencia, Justicia e Interior, donde 35 jóvenes ya cumplen sus medidas judiciales. Así afronta su nuevo reto.
Cuando recibió el encargo de poner en marcha este ambicioso proyecto de reinserción, Juana Mateo no se lo pensó. Llevaba muchos años al frente de Los Rosales, un centro de régimen cerrado para menores que han cometido delitos muy graves, y trabajar con chicos en régimen semiabierto constituía todo un reto. Así que cambió Carabanchel por la carretera de Colmenar y a sus 19 chicos, casi todos con medidas de larga duración, por otros 35 jóvenes sometidos a un régimen menos severo. Y le gustó.
Casi tres meses después, Mateo califica su nueva tarea como "apasionante". En realidad, se trata de lo mismo: reeducar a estos jóvenes para que se reinserten en la sociedad en las mejores condiciones posibles y no vuelvan a delinquir. Sin embargo, a diferencia de los chicos de Los Rosales, estos jóvenes pasan parte del día fuera, estudiando o trabajando. En este tipo de internamiento, "están sometidos a las tentaciones de su entorno", explica Mateo, "y se trata de una fase crítica de su reinserción".
Por eso, los 39 trabajadores del centro se mantienen alerta para que no fallen. "Cuando están en régimen cerrado es más sencillo, porque están aislados del ambiente en el que cometieron el delito, pero ahora viene la prueba de fuego: resistir las tentaciones", apunta. Es cuando se pone de manifiesto todo el trabajo previo con estos chicos. "Y funciona", asegura.
Un trabajo multidisciplinar
El Lavadero, gestionado por Asociación Respuesta Social Siglo XXI, tiene vocación generalista: a diferencia de otros centros de la ARRMI, no desarrolla programas específicos, como los terapéuticos —destinados a menores con problemas de salud mental o adicciones—, el programa para agresores sexuales, de maltrato familiar ascendente o para los más jóvenes (hasta 16 años). Por eso, si al poco de llegar un chico se detecta que tiene carencias que se puedan tratar desde estos programas, se le deriva al centro correspondiente.
Por lo demás, en El Lavadero se llevan a cabo el resto de los programas reeducativos de la ARRMI. Hay talleres de mantenimiento, cerámica, jardinería, apoyo escolar, visitas de profesionales del Proyecto Enlace —desarrollado en colaboración con Proyecto Hombre—, actividades de apoyo sociolaboral y de habilidades sociales... Y todo ello se reforzará cuando en el futuro, tal y como está previsto, las 43 plazas del centro se amplíen a 70.