Medio Ambiente

Florece la Quinta de los Molinos

Carmen M. Gutiérrez | Jueves 18 de marzo de 2010
Con los primeros días de sol tras el duro invierno de este año, los almendros de la Quinta de los Molinos han empezado a florecer. Aún no están todos en su máximo esplendor, pero es un buen momento para visitar la finca convertida en parque público, como hizo este jueves la delegada de Medio Ambiente, Ana Botella.

Visitar la Quinta de los Molinos con sus 1.500 almendros floridos es toda una suerte para los madrileños, ya que este cultivo no es muy habitual en la región y se usa fundamentalmente de manera decorativa. Así que tener una finca dedicada a este fruto tan típico del Mediterráneo permite viajar por un momento lejos del centro de Madrid.

Precisamente, con el objetivo de recrear una finca parecida a las de su lugar de origen, el alicantino César Cort Botí impulsó esta zona verde donde crecen fundamentalmente almendros, que en esta época y durante unos pocos días están en su mejor momento gracias a su delicada floración. Además, se plantaron olivos y otros frutales, de los que todavía quedan algunos ejemplares.

A principios del siglo XX, Cort fue adquiriendo terrenos en el actual distrito de San Blas hasta alcanzar casi 29 hectáreas. Tras su muerte en el año 1978, los familiares llegaron a un acuerdo con el Ayuntamiento para ceder 21 hectáreas como parque público y el resto destinarlo a la construcción de edificios.

Desde los años ochenta el parque es de acceso público y permite disfrutar a todos los madrileños de esta estampa que suele anunciar la primavera cada año. En esta ocasión, las flores de los árboles que ya han florecido corren el peligro de desaparecer antes de tiempo debido a las lluvias anunciadas para este fin de semana en la capital.

Además de la parte dedicada a los árboles frutales, que linda con la calle de Alcalá a la altura de la estación de metro de Suances, el parque tiene una zona, situada al norte, que es de estilo paisajista. Aquí destacan un palacete, la casa del reloj, un invernadero, una rosaleda, un pequeño lago y una pista de tenis. En la primera visita es imprescindible acercarse hasta los molinos americanos que le dan nombres a esta quinta.