Madrid

Entre el sueño y el recuerdo del 11-M

Estación de Cercanías de Alcalá de Henares
Carmen M. Gutiérrez | Jueves 11 de marzo de 2010
Aún es de noche y los trabajadores alcalaínos se dirigen somnolientos a coger los mismos servicios de Cercanías que sufrieron los atentados del 11-M. No pueden evitar sobrecogerse al montar seis años después. Algunos de ellos incluso los vivieron en primera persona. Madridiario los ha acompañado en su viaje.

En el andén de la estación de Alcalá de Henares, Julián relata cómo decidió apresurarse y coger el tren de las 7.01 de aquel 11 de marzo de 2004 para no coincidir con el amigo con el que en aquellos tiempos compartía el trayecto. Quería leer; le faltaba un capítulo para terminar el libro que tenía entre manos.

Julián es jefe de Manuscritos, Incunables y Raros de la Biblioteca Nacional, institución que perdió a tres trabajadores en los atentados. Su vagón no explotó, pero sí sufrió la onda expansiva de la bomba que había estallado en su mismo tren. En cambio, su amigo quedó gravemente herido y tuvo que dejar el trabajo. Iba en el que estalló antes de entrar en la estación, junto a la calle de Téllez.

El bibliófilo asegura que al día siguiente volvió a coger el mismo convoy. "Éramos cuatro en el vagón solamente". Nada ha cambiado en su vida, salvo que desde aquel momento siempre lleva móvil. Pese al paso del tiempo, los sentimientos de dolor, incomprensión y rabia siguen estando presentes en muchos de los usuarios habituales de las líneas C-2 y C-7 de Cercanías, que son las que atraviesan el Corredor.

Dormir y leer
Los viajeros, a primera hora, duermen, leen, escuchan música o miran por la ventana. Algunos, sobre todo los que llevan menos tiempo residiendo en el Corredor del Henares, no tienen en mente lo que sucedió. Otros solo lo recuerdan gracias a los medios de comunicación o a las ofrendas florales y velas que la mañana de este jueves adornaban los símbolos del recuerdo.

Así sucedía en la escultura en homenaje a la víctimas de Alcalá, situada junto a la estación, donde la noche del miércoles algunas familias afectadas se reunieron para recordar a las víctimas y encendieron velas. "No sabemos si los condenados fueron los culpables, pero seguro que faltan", explica Elena.

En el tren, este jueves, un viajero criticaba la gestión posterior a los atentados. "No nos dijeron quiénes habían sido. Nos tuvimos que enterar por los medios de comunicación extranjeros", afirma Ramón. Sin embargo, estas diferencias de opinión sobre la actuación de la clase política en los días posteriores no empaña el sentimiento. "Recuerdo la tragedia todos los días", indica.

Lágrimas
No es el único que tiene presente los atentados. Asunción apenas puede contener las lágrimas. Va a trabajar en el tren y no puede dejar de pensar en sus vecinos, un padre y un hijo, que perdieron la vida hace ahora seis años. "Tengo un recuerdo horroroso de ese día", dice con la voz entrecortada.

"Siempre nos vamos acordar", espeta Carlos, que ha subido en El Pozo. Cuenta que oyó la explosión desde casa y que ya no fue a la entrevista que tenía concertada. En ese momento, Madrid le pareció una ciudad insegura y desde entonces piensan en marcharse a otro lugar.

El tren llega a Atocha pasadas las 7.30. Ya ha amanecido. La gente baja y el convoy, esta vez sí, sigue su camino. Nada hace percibir el aniversario salvo las cámaras de televisión, y un ramo de flores y una vela junto a la entrada al monumento del 11-M.

Renacimiento infeliz
En un quiosco de la estación, su dependienta rememora la angustia de aquellos días. Las velas, flores y mensajes no les dejaban pasar página. El repartidor de prensa comenta que abandonó un carro con revistas 'Hola' para acudir a socorrer a las víctimas. Una de ellas, que no quiere revelar su nombre, entra en la tienda.

Según su relato, los atentados le afectaron física y psicológicamente, y todavía no ha conseguido superar el trauma. "No puedo venir a trabajar pero no me queda otro remedio", afirma desconsolada. Hace 47 años que nació y seis desde que empezó a vivir de nuevo, aunque no fue un renacimiento feliz.

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