Opinión

El morro de la del Mercedes

Alfredo Menéndez | Lunes 01 de marzo de 2010
Es casi una noticia menor, pequeña o insignificante. Pero al final demuestra muchas cosas mucho más profundas. Una mujer ha sido detenida por la Guardia Civil después de estar repostando su estupendo deportivo descapotable durante más de dos años. La historia parece breve y sencilla, pero en realidad encierra pequeños matices que incluso nos pueden llevar a hacer grandes análisis.

Quizá la primera duda que nos asalte es qué necesidad tiene alguien que tiene un Mercedes descapotable para ir de gasolinera en gasolinera, como si fuera de flor en flor, echando gasolina por la cara sin pagar ni un euro. Si no tiene para pagar la gasolina ¡que venda el coche! Y si aún así no tiene para pagar, que vaya en bus o en metro que no será ésta precisamente una comunidad en la que sea difícil optar por el transporte público. Pero no: el camino más fácil era el de trasladar a los demás la presión en el bolsillo propio, cometiendo un delito, eso sí.

Si se fijan es casi el origen de la crisis: personas que compran bienes por encima de sus posibilidades, seguramente sobrevalorados, pero que les obligan a contraer una deuda muy por encima de lo que su esfuerzo económico y su renta se pueden y se deben permitir. Por ejemplo un piso. El que pide el dinero para comprar un piso que no se puede comprar, se equivoca. Pero también lo hace el que lo ofrece, amparándose en unas extrañas reglas del mercado en el que de repente todo el mundo tiene acceso al crédito. Luego llega el listo y negocia con bolsas enteras de hipotecas sospechosas y consigue intoxicar el sistema  hasta tal punto que se rompe, y todo se devalúa. El que no podía pagar, efectivamente se topa con la realidad. Y el que sí puede pagar, se ve de repente bajo un listón que se ha subido tres palmos. Así que no llega ni el de antes, ni el de ahora.

Menos mal que nos queda la Guardia Civil para detener a tanta lista que tiene dinero para comprarse un coche descapotable, pero que no tiene para echarle y que ande.

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