Cristina Cifuentes | Lunes 22 de febrero de 2010
Hace algunos días leí una noticia que, a pesar de haber pasado prácticamente desapercibida, representa un pequeño triunfo para la libertad de la mujer: el Consejo General del poder Judicial había rechazado la queja presentada por una abogada hispano-marroquí contra el juez Gómez Bermúdez por impedirle cubrirse con el pañuelo islámico durante un juicio celebrado en la Audiencia Nacional. Y es que el velo es mucho más que un símbolo religioso: representa el sometimiento de las mujeres a los hombres, en una cultura machista que precisamente se vale de la religión para justificar la sumisión.
La actitud del juez Gómez Bermúdez y del CGPJ contrasta vivamente con la mantenida por Judit Alberich, alcaldesa de Cunit y senadora socialista que, ante la persecución sufrida por una trabajadora municipal por no querer usar el velo, tener amigos españoles o conducir un coche, ha decidido ponerse del lado de los acosadores, entre quienes se encuentran el Imán y el presidente de la Asociación Islámica del municipio catalán.
Resulta inexplicable que la muy progresista senadora haya calificado las constantes amenazas, coacciones y calumnias sufridas por Fátima de mero “conflicto privado”, al tiempo que mediaba para que la joven trabajadora social retirase la denuncia interpuesta contra los acosadores, no fuera a ser que tan incómodo asunto provocara un indeseable enfrentamiento social. Quien no ha entendido que el caso fuera un simple problema privado es el fiscal encargado del caso, que ha pedido cinco años de prisión para el principal encausado.
En la lucha diaria de las mujeres a favor de la igualdad y la libertad cualquier paso, por pequeño que éste sea, representa una necesaria victoria. Por eso cuando se producen sucesos como el ocurrido en Cunit (Tarragona), muchas mujeres tenemos la descorazonadora sensación de haber desandado un gran trecho del camino. No sé si el caso de la alcaldesa y senadora socialista es un ejemplo de la doble moral que algunos practican con descarada frecuencia, pero sería necesario del PSOE algún gesto de apoyo a esta mujer, para que la soledad de Fátima no fuera la vergüenza de todas.
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