Sara Medialdea | Lunes 08 de febrero de 2010
Tomás Gómez pone un circo y le crecen los enanos. Seguro. Por si no tenía bastante con lo difícil que le está resultando hacerse un hueco mediático en Madrid, y que por la calle la gente le conozca —y no diga, como Aguirre al poco de ser nombrado secretario general de los socialistas madrileños, cuando le preguntaron si había hablado con Gómez, "¿y quién es ese?"—, ahora van los "suyos" y se le ponen en contra. Al menos, algunos de ellos. El mismo grupo, por otra parte, que está haciéndole la guerra interior casi desde el principio. A pesar de que Gómez fue, en su día, elegido por un 91 por ciento de los votos —en una votación secreta, en el que cada quien pudo decir lo que quiso—, enseguida salieron varias voces a pinchar, a "chinchar", como decían los niños antes. Y ahí siguen. Hasta el punto de que este fin de semana han salido hasta el nombre de una posible alternativa.
Y menudo nombre: Pedro Castro, uno de los alcaldes con más peso, que dirige desde hace décadas una ciudad del tamaño de San Sebastián, Santander, Albacete o Salamanca. Presidente además de la federación de municipios de España. Y autor de la célebre frase de que los votantes del PP son "tontos de los cojones". Castro, que lo haría bien le pusieran donde le pusieran, se ha apresurado a quitarse de enmedio: ni lo ha pedido ni lo quiere; él está a las órdenes de Tomás Gómez. Pero el pobre Tomás se ha debido atragantar por el tamaño del sapo tragado con el café y las tostadas.
La democracia interna en los partidos no goza de muy buena salud. En algunas formaciones, ni está ni se la espera. En otras aún tienen recuerdos de cómo era, y hay quienes pelean porque regrese como el hijo pródigo. Pero también están los que se aprovechan del río revuelto, confunden la libertad con el libertinaje, el tocino con la velocidad y el culo con las témporas, y con su crítica más o menos dirigida se garantizan la continuidad, el puesto en la lista, el carguito, el medio de vida. Porque esto es para muchos la política: un medio de vida. Y cuando eso ocurre, empieza a ser peligroso. Tomás Gómez llegó al PSM con un curriculum estupendo: el alcalde más votado porcentualmente de España, un tipo querido en su pueblo, donde tenía fama de hacerlo bien. Pero su paso por la política madrileña le está reportando más sinsabores que buenos momentos. Y el futuro se mueve entre incertidumbres.
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