Ángel del Río | Lunes 08 de febrero de 2010
Husmeo, oigo, reviso, escruto, rebusco y no encuentro ninguna acción conjunta de los Amigos de la Ceja, de los de la ONG Subvencionados sin Fronteras, de los Faranduleros del Régimen y de los amigos del Escenario Común de la Izquierda, a favor de Haití. Hemos visto la movilización espectacular de Hollywood en apoyo a las víctimas de la tragedia causada por el terremoto en el país caribeño, y cómo, a título individual, muchas de las grandes estrellas del firmamento cinematográfico han hecho sus aportaciones económicas particulares; cómo los grandes actores no subvencionados por los gobiernos de sus respectivos países, han dado una muestra de solidaridad con los damnificados por esa tragedia.
Aquí, en nuestro país, salvo actos aislados, iniciativas muy localizadas, no hay constancia de una gran movilización de solidaridad y apoyo de la patulea del canapé, la subvención y las películas-basura, a favor de los desgraciados de Haití. He echado en falta de celebración de un gran acto con carácter nacional de todas las grandes figuras de la canción, el cine, el teatro, la intelectualidad y la representación burocrática de la cultura para recabar fondos con destino a Haití. ¿Dónde están los de los lunes al sol y el resto de la semana viviendo de la subvención? ¿Dónde están, en situaciones que claman solidaridad, los interesados Amigos de la Ceja? ¿Dónde andan los de la SGAE, insaciables recaudadores de los supuestos derechos de autor, que se esconden hasta en los secadores de las peluquerías para cobrar un impuesto y que no se muestran tan recaudadores a la hora de pedir para otros, como los desgraciados de Haití? ¿Dónde están los cómicos contra la guerra, a la hora de echar una mano a países desvastados y derrotados en una guerra cruel de la naturaleza?
Hace unas semanas, los nominados a los “Goya” se dieron cita en la Real Casa de Correos de la Puerta del Sol. ¡Qué buena ocasión perdida para haber protagonizado un acto solidario con Haití!. Qué buena oportunidad habría sido para que todos ellos, que piden a los espectadores que pasen más por las taquillas de los cines, hubieran pasado ellos por las taquillas de Haití.
Ese género está para otras cosas, no es muy proclive a la movilización frecuente. Ahora, eso sí, que no les toquen las subvenciones, las pancartas y las fotos junto al poder, que entonces se movilizan por la noble causa del interés individual.
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