Opinión

La mala suerte de Nieves

Sara Medialdea | Viernes 15 de enero de 2010
Nieves tiene dos hijos, un ex marido, un sueldo pequeño pero suficiente para sobrevivir. Y hasta esta semana, tenía un hogar. Ahora ya no; las deudas de su ex han provocado su desahucio. Mala suerte. El ruido mediático que podía hacer su caso -para el que se vio apoyada por algunos, pocos, políticos madrileños-, y que podía servir para mover algún resorte atascado por la burocracia, se diluyó con la tragedia de la familia muerta en San Martín de Valdeiglesias. Mala suerte, de nuevo.

Pero ¿cuántas Nieves hay cada día? Los agentes judiciales que acudieron a su casa para desalojarla, poco después de las once de la mañana, confesaban que era el tercer deshaucio que llevaban a cabo ese día. Cuarenta al día. Cuatro veces más que hace un año. Los que mantenemos nuestro trabajo, nuestro sueldo y nuestra vida, vemos la crisis como quien ve cómo llueve a través de las ventanas: no nos moja el agua. Pero hay quien se ha caído a la piscina de cabeza, y sin saber nadar.

En estos momentos, todos volvemos la cara hacia las administraciones. Es fácil reclamarles, pedirles, exigirles respuestas inmediatas. Pero la máquina burocrática es lenta, y no tiene corazón: sólo se guía por los baremos, las puntuaciones y los documentos. Si en las épocas de vacas gordas los medios para casos de emergencia son los que son, ¿qué no pasará en las situaciones de crisis?

Es el momento de tomar nota, de apuntar en el cuaderno de los asuntos pendientes que ésto debe resolverse, que deben dotarse salidas de urgencia para casos extremos, comisiones que estudien en horas los casos más sangrantes -que no siempre coinciden, por cierto, con los más mediáticos-. Hace falta dotar con más medios humanos y materiales a estos equipos que, desde las distintas administraciones, le echan mucho esfuerzo, muchas horas y mucha vocación a lo suyo, con la frustración de no siempre llegar allí donde se quiere. Es posible que el caso de Nieves aún tenga solución, desde la ayuda pública. Pero ¿habrá fórmulas para todas las Nieves?

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