Rafael Martínez-Simancas | Jueves 07 de enero de 2010
2001 fue una gran película pero 2010 resultó tostón. De 2001 no se acuerda nadie, ahora nos toca enfrentarnos a este año que tiene título de película de Peter Hyams y que tiene un punto de odisea como corresponde a la peripecia del Discovery en Júpiter, (en realidad tenía que haber llegado a Saturno como decía la novela de Arthur C. Clarke pero el cine es como la vida, nunca se sabe por dónde va a salir el argumento).
Este 2010 es año sin elecciones a la vista, salvo que el PP consiga que CiU se les una en una moción de censura allá por el mes de julio, siempre y cuando las tropas de Rajoy entiendan que pueden ganar el pulso al presidente del Gobierno. Para esa misión les hará falta contar con algún apoyo más, de momento las fuentes bien informadas dicen que en el PP se ha vuelto a poner de moda el eslogan “aznarí” de hablar catalán en la intimidad.
Claro que para llegar a ese punto deberán esquivar los envites del caso Gürtel y resolver lo que diga el Tribunal Supremo al respecto de su aforado tesorero.
Por lo que respecta a las claves de Madrid habrá que estar atento al movimiento que realice el PSM para nombrar candidato al Ayuntamiento, siempre y cuando en Ferraz les dejen las manos libres. Según Leire Pajín ese nombre llegará cuando pase la presidencia española de la UE, es decir cuando suba el IVA del 16 al 18 por ciento. La pregunta es sí el PSC se quedaría callado si le dijeran que el candidato a la alcaldía de Barcelona tendría que esperar a la caída de las hojas del otoño. De nuevo el PSM demuestra tener más paciencia que el santo Job, y el portavoz socialista en el Ayuntamiento, David Lucas, manejar un tratado de buenas maneras y tener a mano un bote de vitaminas para el optimismo. Algunos piensan que el candidato podría salir del mundo del espectáculo, (no tanto por lo espectacular de su nombramiento sino por su relación con el mundo de la cultura).
2010 es aventura también para el PP de Madrid en el que movimientos de Génova apuntan a baile de candidatos al Ayuntamiento y a la alcaldía. También en Génova no resisten a la tentación de actuar como en Ferraz.
La odisea sería adaptarse a los deseos de don Mariano, o tirar por las decisiones que tome el partido regional, órgano soberano a pesar de que algunos reniegan de él porque no pudieron hacerse con sus mandos, (el apartado Cobo por ejemplo).
Aún sin elecciones es un año de “guerra fría” en el PP madrileño con todas las tensiones que refleja el término. Ahí cabe adivinar cómo encajará la llega de Rodrigo Rato a la primera entidad financiera madrileña y de qué manera va a contar en el pulso regional entre Comunidad y Ayuntamiento.
Toda política tiene algo de ciencia ficción en cuanto a lo que puede enganchar el argumento y a los peligros que pueden atravesar sus protagonistas. Si hubiera elecciones inmediatas en el PP tendrían claro dónde está el enemigo pero en esta calma chicha cualquier emboscado puede dar un susto. Y por emboscados en el PP de Madrid que no quede, cada uno de ellos busca posiciones y espera el mejor momento para sacar la nave en son de guerra.
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