Nino Olmeda | Sábado 19 de diciembre de 2009
Aminatou Haidar regresó por fin a su casa. Su lar. Ya está en El Aaiún. Ella, con su resistencia no violenta contra la injusticia sufrida, obligó a que se pusiesen manos a la obra naciones poderosas como EEUU y Francia que se han arremangado para acabar con esta ignominia. El aeropuerto de Lanzarote se quedó sin la presencia de esta mujer saharaui defensora de los derechos humanos que quedó retenida en zona española después de que Marruecos la expulsase del país en manos de Mohamed VI.
Venía de Nueva York de recibir un premio a su dedicación personal: ser ciudadana de pleno derecho del Sahara, cuyos habitantes viven desde hace más de 30 años pendientes de una resolución de la ONU que reclama un referéndum para decidir si se quedan en ese país africano o montan su propio Estado. Se quedó sin pasaporte por poner saharaui en el apartado dedicado a rellenar las casillas de la nacionalidad y la metieron, los policías marroquíes, en un avión en dirección a España, cuyas autoridades la recogieron, a pesar de no tener todos los papeles en regla ni la intención de entrar. Los gobernantes españoles parecen ser que fueron avisados por Marruecos del paquete que enviaban al Estado amigo para que se quedasen con la activista que tanto quebraderos de cabeza ha levantado a los poderosos que han ocupado una tierra, española antes de ser recogida por Marruecos, que es de nadie, porque han expulsado al desierto argelino a miles y miles de saharauis dejados de la mano de los que prometieron el oro y el moro a los defensores de la autodeterminación hace demasiadas décadas. Hace muchos años, todos eran amigos del Frente Polisario y defensores de los derechos de pueblo saharaui.
Cuando fue desposeída de su pasaporte y encerrada en el aeropuerto de Lanzarote, decidió denunciar su situación y presionar para volver a su hogar. Los distintos poderes públicos españoles se vieron sorprendidos por el regalo envenenado de Marruecos, nación con la España tiene importantes acuerdos en materia de lucha contra el terrorismo y en otras. La firmeza de Haidar provocó sarpullidos al ministro Moratinos, quien intentó todo para que esta combativa mujer comiese algo y se aviniese a aceptar la nacionalidad española y no sé cuántas cosas más. El ministro decía no entender por qué esta luchadora por los derechos humanos no se congratulaba con tanta generosidad del Gobierno presidido por José Luis Rodríguez Zapatero. Lo que hace más de un mes era imposible, ahora ha sucedido. Su llegada a El Aaiún demuestra que sus peticiones eran lógicas y que si el Ejecutivo de Zapatero hubiese actuado desde el primer día de la misma manera, ella se habría evitado el deterioro de la salud que provoca la huelga de hambre. Si hubiese dialogado con Marruecos para hacerles ver que el marrón era suyo y que lo hecho es un atentado a los derechos humanos, hubiesen evitado el bochorno a muchos ciudadanos que no entienden que las razones de Estado puedan obviar los derechos humanos. Moratinos podría haber dicho al oído, y muy bajito, a cualquier asesor del rey de Marruecos que no se puede expulsar del país a los ciudadanos críticos ni a los que luchan contra las injusticias, sobre todo si la resistencia es no violenta. Siguiendo el credo no violento de Mahatma Gandhi, Haidar optó por la resistencia no-violenta en defensa de la justicia, en vez de oponer violencia a la injusticia.
Su huelga de hambre ha demostrado que el método pacifista es un instrumento viable para alcanzar objetivos políticos ambiciosos. La sociedad civil reaccionó y muchos colectivos gritaron ¡basta ya! al Ejecutivo español. La ciudadanía estaba alarmada por la salud de Haidar y avergonzada por las palabras dichas, desde que dejó de comer hasta que probó su primer bocado, por personas que parecen responsables y que parecían que sólo querían quitarse el muerto de encima, sin darse cuanta que el fallecimiento no se había producido todavía. Me da igual que la culpa de lo de antes sea de esta sigla política o la otra, que los gobernantes españoles se sientan orgullosos de lo acaecido y de la liberación de la dama de la resistencia saharaui no violenta y que el PP se queje de no sé qué para darle lo suyo a Zapatero.
Esas imbecilidades me distraen. Sólo me interesa saber que ya está en su hogar, con los suyos, aunque me preocupa que Marruecos lance algún zarpazo después de aclarar que permitió la entrada en El Aaiún sólo por razones humanitarias. Para ellos las razones de Estado que, en esta ocasión, han sido derrotadas desde la no violencia.
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