Pedro Fernández Vicente | Miércoles 16 de diciembre de 2009
Voy a echar una mano a los conductores. El otro día, en la manifestación de los sindicatos se exhibió una frase con mucho significado y muy acertada: "que no se aprovechen de la crisis". El mensaje lleva tanta información y tan resumida que se podría estar hablando de él durante largo tiempo. Una frase que admite un análisis en profundidad sin agotar toda su simbología.
Pues con el permiso de su creador, se la voy a aplicar al tráfico, que estos días empieza a ponerse imposible. Entre las ocurrencias de los grandes almacenes, que hacen gala de sus mejores ideas, con instalaciones dedicadas a los niños, las compras de los papás, las fiestas de las empresas que, desconozco el motivo, pero todo el mundo se siente obligado a comer junto a sus compañeros en estas fechas tan señaladas, las pagas extras que permiten echar algo más de gasolina, sin que los bolsillos se arruguen como en cualquier otro mes y la alegría y la disposición a gastar dinero que provocan las estimulaciones comerciales de las navidades, y que hay muchos coches, para que vamos a engañarnos, los atascos son permanentes.
Entre unas cosas y otras, la circulación se pone que no hay quien lo aguante. Pero una cosa es que la circulación esté peor en estos días navideños y otra que los conductores tengamos que pagar, una vez más, todos los males de la movilidad. Por favor, "que no se aprovechen del atasco". Si la organización de los transportes en el interior de la ciudad, incluso los accesos y salidas de Madrid, exigen una moderación de los coches privados, que se tomen las medidas adecuadas, como cortar la entrada a determinadas zonas, convertir en peatonal, de forma provisional, ese tramo que complica la vida ciudadana, o cualquier otra medida capaz de dar soluciones sin que los conductores tengan que pagar, una vez más, un suplemento. Y cuando hablo de suplemento me refiero a las multas. La recaudación no la tienen que sostener sólo los conductores y propietarios de coches. Parece que el hecho de comprar un automóvil te convierte en sospechoso de infracciones y en fechas tan dadas a la utilización del vehículo, la vigilancia sobre el tráfico se convierte en una sucursal de hacienda que registra un buen número de entradas sin necesidad de enfrentarse a los miedos de los políticos, como representa la subida de impuestos.
Una multa aquí y otra allá, va calmando la ansiedad de las arcas municipales que, con tantos gastos en obras se han quedado sin dinero, y a la vez, las modificaciones de trayectos, que antes eran conocidos, nos empujan, a los conductores claro está, a esas infracciones propias de las incomodidades que generan las situaciones de excepción como son las obras. ¿O es que ustedes. no se sientan donde no se puede o pisan algo que no se debe cuando su casa está "manga por hombro" por culpa de los pintores y albañiles?, pues entonces ¿por qué nos tienen a los conductores circulando en condiciones ínfimas, con todo Madrid levantado simultáneamente, con los espacios mal organizados y descontrolados y al mismo tiempo, a quienes conducimos nos obligan a que todo lo hagamos bien o, de lo contrario, nos espera una multa.? ¿Y si le pusiéramos una multa al concejal y otra al alcalde, por organizarlo mal?. Merecer se lo merecen.
Pedro Fernández Vicente
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