Opinión

El momentito

Sara Medialdea | Domingo 29 de noviembre de 2009
No sé a ustedes, pero a mi me ha pasado docenas de veces. Lo de dar varias vueltas para encontrar un sitio donde aparcar, y a la vuelta de la gestión correspondiente, encontrarte con que te ha "cerrado" otro coche estacionado en doble fila. En casos así, sólo te quedan dos recursos: irte a tomar un café al bar más próximo para hacer tiempo, o liarte a claxonazos hasta que el/la desaprensivo/a aparece. Lo cual suele ocurrir diez minutos después, y con tal pachorra que uno llega a creer que intentan hacerse invisibles, o fingir que no se han dado cuenta de la que han montado. Muy pocas veces se disculpan. Eso, cuando no hay que ir a sacarles de la barra del bar, donde se toman la cervecita con total impunidad, o de la cola del banco, en la que permanecían ajenos a la pitada que uno está montando fuera.

Estacionar en doble fila, incluso al lado de un espacio libre, porque así no te cierra otro, es una práctica muy habitual en Madrid. Recuerdo la foto de una entrada de garaje con un cartel hecho a mano: "Prohibido aparcar. No hay momentitos". Siempre se encuentra aparcamiento si uno se aleja 200 ó 300 metros, o si da un par de vueltas. Es más cómodo, claro, dejar el coche en la puerta. Pero con eso muchas veces se molesta al que está bien aparcado, eso cuando no se obstaculiza un carril de circulación y el tránsito de decenas o cientos de vehículos particulares -dependiendo de lo que dure el "momentito"-, o a miles de viajeros de las líneas de autobús cuando lo que se ocupa es un carril-bus. En fin, todo un canto a la insolidaridad y a la mala educación cívica, que casi nunca recibe el castigo merecido, porque los municipales rara vez se encuentran en la zona en el momento para multar al infractor.

La civilización, según yo la veo, tiene su base y su razón de ser en esas situaciones: no intentar saltarse una cola, no estacionar donde se pueda obstaculizar el paso o la salida de otros vehículos, saludar en el ascensor o al entrar o salir de un portal, ceder el asiento en el Metro a una persona mayor o una mujer embarazada, disculparse si uno se tropieza con otro en la calle. Pequeños detalles que distinguen una sociedad de humanos de una selva de animales. Todos podemos ser fieras en un momento determinado, pero ¿a quién le gusta vivir en la jungla?

TEMAS RELACIONADOS: