Ángel del Río | Martes 24 de noviembre de 2009
Soy un cronista a la antigua usanza, qué le vamos a hacer. Prefiero lo clásico sobre lo artificialmente moderno, y sobre todo si esto último, por el hecho de tener la etiqueta de la modernidad, tiene un valor añadido. Puede que en mi condición de cronista de esta Villa, parezca que estoy un poco chapado a la antigua por defender la autenticidad de lo clásico frente a lo que se bautiza como moderno, que no es necesariamente sinónimo de calidad.
Por eso prefiero la Navidad clásica a la que algunos quieren imponer. Me gusta más la Navidad de mi infancia, cargada de intimismo, simbología religiosa, belén, arbolito y zapatos en el balcón esperando la llegada de los Magos de Oriente, que la Navidad de hoy en día, con Papá Noel, árbol blanco sintético y calcetín en la chimenea. Prefiero aquel alumbrado navideño tan humilde y cercano, tan simple, con elementos decorativos clásicos, que el nuevo alumbrado de símbolos inexplicables, churros colgando, frases incoherentes como las que hubo un año y pirámides cilíndricas de color rosa-palo.
Prefiero, señor alcalde, señora delegada de las Artes, doña Alicia Moreno Espert, la Navidad clásica a la Navidad de diseño, que es la que parece que corresponde a una ciudad vanguardista, pero, sacando de nuevo mi sentido trasnochado sobre el mantenimiento de algunas costumbres y tradiciones, me parece más propio del concepto mundial de la Navidad, la decoración callejera con piezas clásicas de toda la vida, y me rechina un poco que se coloquen luminarias de determinados diseñadores de moda (David Delfín, Roberto Torretta, Elio Berhanyer, Fracis Montesinos o Devota & Lomba), como si la pasarela hubiera que colgarla y hacerla alumbrado navideño.
Reconociendo el arte y la creatividad de estos diseñadores, la verdad es que no veo en mi personal concepto de la Navidad, un árbol inmenso en la Puerta del Sol diseñado por Agatha Ruíz de la Prada, que hace colorista y vistosa ropa, pero árboles de Navidad no tan vistosos. Eso de que a la Navidad de Madrid la vistan los modistos, no me termina de convencer, como no entiendo que el tradicional belén del Ayuntamiento, que se instalaba en la plaza de la Villa, se coloque este año en el centro de turismo de Colón. ¿Por qué no en la plaza de la Villa?
La apertura oficial de la Navidad será un espectáculo de fuego -¿no es más propio el fuego para la noche de San Juan?- en la plaza de Oriente, a cargo de una compañía inglesa, de esas que le gustan a la señora delegada de las Artes.
En fin, que a mi la Navidad me suena a otra cosa. Será que soy una antigualla nostálgica. Qué le vamos a hacer.
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