Rafael Martínez-Simancas | Lunes 23 de noviembre de 2009
En la ciudad se han asentado unos señores que tienen a bien enseñarte el aparcamiento libre, (como si tú no lo vieras porque tuvieras una poderosa conjuntivitis), y que constituidos en cuadrilla no tienen ningún reparo en pedirte “la voluntad” por dejar el coche en un sitio público, gratuito por definición. Son los “gorrillas”, una costumbre sevillana que hemos ido dando por sentada como se tiene por cierto que las mariposas vuelan en primavera. Pasmoso.
Sucede que estos “amigos de la circulación” operan con todo descaro en los alrededores de los grandes hospitales, en sitios donde uno está obligado a dejar el coche y que contra ellos el Ayuntamiento de Madrid aplica la Ley Nihilista de “no hacer nada”. Lo último son los “gorrillas en la niebla”, un grupo numeroso que se asientan en los alrededores del zoo y que, aún teniendo grandes espacios para aparcar, te indican dónde debes hacerlo para posteriormente pasar el cazo. Tengo en mi poder un ticket emitido por estos individuos que dice: “Aparcamiento. La voluntad de usted. Gracias”. Con un par.
Si llamas al 092 te sonríen de forma benévola porque ellos “no pueden hacer nada, si acaso enviar a un patrulla a que se de una vuelta”. Casi mejor que no envíen al patrulla porque son capaces de cobrarle por aparecer por las inmediaciones del zoo. Supongo que don Pedro Calvo, tan solícito a cobrar tasas de aparcamiento a los residentes por dejar el coche en la puerta de su casa, estará muy preocupado por el aumento de los gorrillas y que no pegará ni ojo sabiendo que se cobra impuesto revolucionario en las calles de Madrid, ciudad moderna y cosmopolita que aspira a la condición de universal en función de su crecimiento.
Por lo tanto sería esperable que acabara con esta situación que afecta al libre tránsito de los ciudadanos, ¿o no? También el alcalde Ruiz-Gallardón estará preocupado por resolver este problema municipal. Los gorrillas puede llegar el día en el que cobren por transitar por los parques, o que pongan la mano por “prestarte” la marquesina del autobús, o que cobren impuesto por caminar por las aceras con sombra. El floreciente negocio del descaro no tiene límite.
Pero estoy convencido de que Pedro Calvo hará todo lo posible por atajar la situación. Es más, seguro que de los “gorrillas en la niebla” no vuelve a hablar nadie en varios meses…
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