Ciencia y tecnología

Chicas de sobresaliente

Lucía de la Fuente | Sábado 21 de noviembre de 2009
La mujer española de mediados del XIX podía elegir entre tres carreras para dirigir su vida. La mejor vista era la de casarse y ser madre, pero también se podía ser monja o, en el peor de los casos, prostituta. Así, la función de las mujeres en la vida académica no era otra que la de acudir a determinados actos para ‘adornar’, dar un poco de colorido con bonitos sombreros  y sentirse orgullosas de sus hijos o hermanos. El Instituto Cardenal Cisneros organizó, como actividad programada dentro de la IX Semana de la Ciencia, un recorrido por sus instalaciones para conocer un poco más de la historia de cómo fueron las primeras chicas que de verdad estudiaron en Madrid.

La madre del movimiento feminista y sufragista en nuestro país, Clara Campoamor, la republicana Victoria Kent,  la bibliotecónoma María Moliner, o la literata y defensora de los derechos de la mujer María Goyri, fueron algunas de las primeras alumnas que ocuparon su silla en el prestigioso Instituto de Educación Secundaria Cardenal Cisneros de Madrid. 

“A pesar que el Instituto se abrió en 1845, no fue hasta 1877 cuando se matriculó la primera alumna. Se llamaba Pilar Martínez y era brillantísima. Sacó sobresaliente en todas las asignaturas y con 16 años dio una conferencia sobre el valor químico del aire del que se hizo eco toda la prensa de Madrid”, explicó durante la visita guiada una de las actuales profesoras del centro, Carmen Rodríguez.

Y es que en aquéllos años que una mujer estudiara era un hecho insólito cuanto menos, porque éstas debían ocuparse de las “labores propias de su sexo”. Los políticos progresistas estaban sin embargo a favor de incluir a las chicas en las aulas. Pero su objetivo no era la formación para su propio desarrollo personal, sino que iba más bien encaminada a educar a la mujer como madre. “Cuanto más formación tenga una mujer, más educados estarán sus futuros hijos”, argumentaban.

Es necesario también tener en cuenta que no cualquiera podía ser estudiante del Cisneros. Cada curso costaba al año unos 2.000 reales y el sueldo medio de un obrero era de una peseta (4 reales), con lo que es de suponer que era un privilegio al alcance sólo de unos pocos.

Una vez que las alumnas comenzaron a acudir a clase, lo hacían acompañadas de una sirvienta y tenían la obligación de sentarse en el primer banco de asientos para no estar cerca de los chicos. “Es anecdótico además que fueron las mismas chicas las que no quisieran juntarse. En 1927, por ejemplo, se pusieron en huelga porque no querían hacer una obra de teatro con los chicos”, asegura Rodríguez.

Durante los primeros años del siglo veinte, hasta la guerra civil, el numero de alumnas fue aumentando progresivamente, pero durante el franquismo (1939-1975) se dispuso separar por sexos a los estudiantes y al Cisneros le correspondió ser un centro de enseñanza exclusivamente masculino. En 1982 se reinstauró la coeducación en España y en el curso 1.983-84 empezaron a llegar al instituto las primeras alumnas. Ahora mismo el Instituto cuenta ya con más alumnas que alumnos y la mayor parte de los profesores son mujeres.