Ciencia y tecnología

Recordando los 'eclipses españoles'

Lucía de la Fuente | Jueves 19 de noviembre de 2009
El rectorado de la Universidad Politécnica de Madrid acoge una exposición sobre los eclipses de 1900, 1905 y 1912. Y es que de todos los fenómenos astronómicos que existen uno de los que más sorprende y maravilla al hombre es el de los eclipses de Sol. Esta muestra rinde homenaje a los tres eclipses que hicieron que España fuera reconocida a nivel internacional como uno de los mejores puntos de visión de Europa.

La Universidad Politécnica de Madrid (UPM) ha querido unirse, en el marco de la IX Semana de la Ciencia, a la celebración del Año Internacional de la Astronomía con una exposición bibliográfica que hace referencia a los tres eclipses totales de Sol de principios del siglo pasado (1900, 1905 y 1912) que consiguieron que astrónomos de todo el mundo se acercaran a España para realizar sus observaciones.

El 28 de mayo de 1900 un eclipse total de Sol consiguió que por primera vez en España los observatorios consiguieran reunir su propio instrumental y elaboraran un auténtico proyecto de investigación. Hoy la exposición de la UPM recuerda este momento con libros, fotografías, planos, folletos y mapas cartográficos. Lugares como Burgos, Elche, Plasencia o Carrión de los Condes se convirtieron por unos días en centros de reunión de astrónomos nacionales y extranjeros, además de centenares de observadores individuales, curiosos y turistas.

Este hecho propició además, según se explica en los paneles de la exhibición, la creación de varios nuevos observatorios como el de La Cartuja de Granada, el Fabra de Barcelona, o el Lalín de Pontevedra.  El eclipse del 30 de agosto de 1905 fue particularmente atractivo debido a que tuvo una duración extraordinariamente larga: casi llegó a los cuatro minutos. Esto permitió que los científicos pudieran tomar fotografías para centrarse posteriormente en el análisis de la corona solar.

El último de estos eclipses que transformaron el panorama astronómico español resultó ser del tipo ‘total perlado’ y pudo ser observado, el 17 de abril de 1912, sin mayor dificultad. Se hicieron fotografías de las diferentes fases y se registraron espectros de la cromosfera en los momentos cruciales del fenómeno. Esta exposición aporta así un granito de arena a las actividades de 2009 como Año Internacional de la Astronomía, además de su contribución a la celebración de la IX Semana de la Ciencia, que tiene el objetivo de atraer a los jóvenes al mundo científico.