Opinión

Tolerancia cero frente a los intolerantes

Cristina Cifuentes | Martes 10 de noviembre de 2009
Hoy quiero escribir sobre los hechos ocurridos el 14 de Octubre y conocidos el pasado viernes, en Socuéllamos (Ciudad Real). Ese día Saadia fue a recoger a su hijo de tres años al colegio y recibió una brutal paliza a manos de una pareja de compatriotas marroquíes.  Saadia fue insultada repetidamente ("tú te mereces estar en un puticlub, porque lo que vales es para puta”) y como consecuencia de la agresión, sufrió un aborto. Su “pecado” consistió en no llevar puesto el velo islámico. 

El mismo día que esto saltaba a los medios de comunicación, Bibiana Aído, se reunía con un grupo de mujeres africanas para fomentar "leyes sobre igualdad y contra la violencia de género" en el mundo. Sorprendentemente ni en esta ocasión ni en los días posteriores Aído se pronunció sobre la paliza recibida por Saadia por no llevar velo. La ministra de Igualdad prefirió callar.
Siempre me ha llamado la atención el silencio que determinados sectores de la izquierda progresista guardan ante situaciones de discriminación y maltrato, cuando los mismos proceden de personas que profesan la religión musulmana. Quizás esto tenga algo que ver con la Alianza de Civilizaciones apadrinada por el Presidente Zapatero. 

El derecho a practicar las creencias o religión que cada cual tenga, merece todo el respeto y la protección en nuestra sociedad. Pero debería fijarse un tope cuando, en nombre de la religión, se atenta contra la libertad y contra las personas. En un país libre como España, se echa en falta la crítica abierta contra ciertos regímenes que mantienen comportamientos frente a los cuales deberíamos ser absolutamente intransigentes. Países donde todavía azotan a las mujeres por pintarse las uñas o tomar una cerveza, donde ejecutan a los homosexuales y donde el adulterio se castiga con la lapidación pública.
No se puede ser tolerante con el integrismo islámico. Y ello supone que no deberíamos permitir que los intolerantes se aprovechen de todas las ventajas que ofrecen la sociedad occidental europea, tolerante, permisiva y libre para practicar su intolerancia con impunidad. Los intolerantes deben saber que en Occidente hay normas y límites que deben cumplirse, que nuestro sistema de derechos y libertades tiene que estar muy por encima de cualquier creencia religiosa.

La doble moral que algunos practican supone que cuando los hombres españoles agreden a las mujeres se le denomina violencia de género sin mas. Si embargo cuando la agresión tiene connotaciones religiosas, se suele justificar diciendo que forma parte de la libertad de culto y de unas tradiciones muy arraigadas. Aunque aquí la cultura o la libertad religiosa tiene poco que ver: es machismo en estado puro. Todos los que creemos en un régimen de libertades, deberíamos denunciar que el velo no es distintivo de libertad religiosa sino símbolo del sometimiento de las mujeres a los hombres, en una cultura que se vale de la religión para justificar la sumisión.

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