Social

Tutores con placa

Enrique Villalba | Miércoles 21 de octubre de 2009
Los menores son uno de los colectivos con mayor riesgo social y la situación empeora con el tiempo. La sociedad les somete, cada vez más, a presiones que algunos no son capaces de solventar de manera adecuada. La Policía Municipal de Madrid suscribió en 2006 una carta de servicios de atención a estos jóvenes para tratar de ayudarles a solventar algunos de los problemas más graves a los que se enfrentan a diario.

La atención policial comienza con los más pequeños. La Unidad de apoyo y coordinación a la comunidad educativa es un equipo de 90 personas, 74 de ellos monitores, que presta formación vial a escolares en edades de riesgo (primero, tercero y quinto de Primaria, segundo de ESO y primero de Bachillerato; y se pretende implantar en tercero de Infantil y en sexto de Primaria). Se trata de familiarizar y concienciar a los jóvenes en todo lo que se refiere a la situación vial que encuentran en las calles, y aumentar la responsabilidad social y evitar accidentes a corto, medio y largo plazo.

La formación continúa con una asignatura universitaria sobre formación vial en la Universidad Politécnica. Esta actividad entronca con los dispositivos de entrada y salida del colegio en centros cuyos alrededores tienen un especial riesgo vial y con el programa 'Camino escolar seguro', que pretende que en 2012 el 50 por ciento de los centros escolares tengan un camino seguro en un radio de medio kilómetro.

Anticiparse al problema
El dispositivo policial más fuerte de atención al menor de la ciudad es el de los agentes tutores. "Este servicio se creó en 2003. Intentamos que sea una herramienta transversal de atención al colectivo de los menores. Durante la mañana y la tarde tratamos de acercar la Policía a los menores, anticiparnos y mediar en sus problemas diarios y actuar en caso de infracciones y faltas de bajo nivel", explica el oficial jefe de la Unidad de Atención de Menores de la Policía Municipal, Francisco Javier Fernández.

Los 170 especialistas (150 en los distritos y 20 en un órgano central) que lo integran han recibido cursos especializados de derecho penal, psicología y comunicación con menores. Están autorizados a trabajar de paisano y trabajan en tres entornos: la calle, el colegio y el hogar. Priorizan los casos más claros. Tienen que tener en cuenta componentes familiares como la situación socioeconómica, cultural o educativa, entre otras muchas. Hacen especial hincapié en los colectivos de inmigrantes, que tienden a crear comunidades más cerradas.

"Nuestra primera fórmula de trabajo con estos menores es tener la misma interacción con ellos que con el resto de sus amigos y compañeros. Luego tenemos que entender que hay normas culturales distintas en los que la corrección física es habitual, no se ponen límites o se crean diferencias por sexos", asegura el oficial.

Drogas, mendicidad, bandas
En la calle atienden casos de consumo de drogas y alcohol, mendicidad infantil, erradicación de focos de captación de bandas y, en algún caso, hasta prostitución. Trabajan en locales de ocio, parques, asociaciones de vecinos, ONG, entre otras. "Todas las situaciones nos dan información sobre los casos de los menores con problemas. Los profesores, los alumnos, colaboren o no; la familia. Debemos actuar con cuidado para evitar estigmatizar a un chaval porque conozca a un policía. Dejamos que sean ellos quienes nos tomen confianza, aparte del respeto que nos guardan. Los que conocemos de la calle suelen ser los que actúan como difusores de nuestro trabajo", continúa el oficial.

En los centros escolares se dan a conocer para ofrecer su ayuda a los adolescentes en todo tipo de problemas. Entre los más importantes, cabe destacar el absentismo, el acoso o los problemas familiares. Para ello, colaboran estrechamente con el centro. Por último, en los hogares atienden fugas de casa y median con las familias en casos problemas de comunicación o de drogas, entre otras cosas.

Maltrato a padres
En tercer lugar, está la Unidad de atención y protección a la familia. Los agentes de la Policía Municipal trabajan en la prevención y resolución de episodios de maltrato. En la mayor parte de los casos, las víctimas son mujeres y menores. Sin embargo, cada vez más, atienden situaciones de maltrato de hijos a padres.

En este sentido, trabajan estrechamente con asociaciones especializadas y los dispositivos sociales que ofrecen el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid, a través de la consejería de Presidencia, Justicia e Interior. También median en el caso de cumplimiento de régimen de visitas en familias con padres separados o divorciados.

Nuevas tecnologías
Además de estos servicios, el Cuerpo hace campañas específicas para prevenir el botellón y da charlas en los colegios que lo solicitan sobre las tareas que lleva a cabo la Policía Municipal, las normas de conducta ciudadana y algunas problemáticas sociales a las que los menores son especialmente vulnerables: drogas, alcohol, bandas y, últimamente con mucha incidencia, las nuevas tecnologías.

"Tenemos que medir los tiempos y las formas al acercarnos a los menores. Trabajamos con un colectivo muy sensible que se enfrenta a muchos problemas por primera vez y que vive una época de pérdida generalizada de la noción de autoridad. Por eso, es necesaria una vocación de continuidad. Hay que utilizar mucha intuición para poder ayudarles", concluye Fernández.