Sara Medialdea | Viernes 16 de octubre de 2009
Muchas veces se acusa al alcalde Alberto Ruiz-Gallardón de ser responsable de obras faraónicas, de delirios de grandeza y cierta tendencia a la megalomanía. Pero la mayor de sus obras, o una de las mayores, apenas se conoce. No está a la vista, y es una materia gris y poco dada a los titulares, pero de una importancia capital en una ciudad. Se trata de los planes de saneamiento y de mejora de colectores y estanques de tormentas. Obras todas ellas iniciadas hace más de una década, en lso tiempos en que el alcalde era José María Álvarez del Manzano.
Durante muchos años, han llegado fondos europeos, uniéndose a otros del Gobierno central, el regional y a los del propio Ayuntamiento, para conformar una tupida red que recorre el subsuelo capitalino. Por allí fluyen las aguas sucias, las de la lluvia y las que, una vez tratadas, salen de las depuradoras para verter al Manzanares o reutilizarse en el riego de parques y zonas verdes, o son utilizadas para el baldeo de las calles. Son inversiones de miles de millones de las antiguas pesetas, gracias a las cuales Madrid cuenta ahora con sistemas de saneamiento muy renovados.
Los enormes nuevos colectores que se construyen a ambas márgenes del Manzanares, y que si todo sale conforme a lo previsto -Ana Botella trabaja sin prisa pero sin pausa-, estarán en marcha el próximo diciembre, evitarán que los vecinos de las riberas vuelvan a sufrir, con cada episodio de lluvia fuerte, la inundación de sus sótanos y locales. Los estanques de tormentas están preparados para lo que los técnicos llaman "la riada de los 500 años", esa gran avenida de agua que estadísticamente tiene lugar cada cierto tiempo.
Son pocas las ciudades que dedican fondos a estos quehaceres. De hecho, España está inmersa en un proceso de la Unión Europea por sus incumplimientos en esta materia. Pero los gobiernos de la capital han sabido desviar para este fin, tan poco lucido como crucial de cara al futuro, los esfuerzos y las partidas suficientes, "enterrando" literalmente cientos de millones de euros en nuevas infraestructuras que habitualmente no se ven, pero cuyos efectos -y, sobre todo, sus carencias- se sienten. Tal vez fuera a esto a lo que se refería días atrás el alcalde cuando dijo que "lo esencial es invisible a los ojos".
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