Social

"Tres de cada diez adolescentes son homófobos"

Miguel Ángel González, presidente de COGAM

Celia G. Naranjo | Martes 20 de octubre de 2009
La visibilidad de gays, lesbianas, transexuales y bisexuales ('colectivo LGTB') ha traído consigo la conquista de más derechos, pero también un rechazo más patente, a estas personas. Miguel Ángel González, presidente de COGAM, principal organización LGTB madrileña, analiza para Madridiario los retos a los que se enfrenta el colectivo en Madrid.

La sociedad madrileña, ¿ha avanzado o ha retrocedido en relación con el colectivo LGTB (Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales?
En los últimos años se han producido algunos retrocesos. La ley que en 2005 permitió casarse a los homosexuales, y la que en 2007 permitió a los transexuales cambiar su identidad en el DNI, suponen avances claros. Pero la homofobia se ha hecho aún más patente en determinados medios de comunicación, instituciones y poderes públicos. Los gays y lesbianas han conseguido más visibilidad, y con ella se han producido más ataques.

¿A qué poderes públicos se refiere?

Año tras año, la Comunidad merma el presupuesto de los proyectos de las ONG que hacemos campañas de prevención del VIH y de enfermedades de transmisión sexual. El presupuesto ha pasado de 300.000 euros en 2008 a 245.000 en 2009, lo cual nos sitúa a la cola nacional. Mientras que en Asturias el gasto autonómico en prevención es de 15 céntimos diarios por persona, en la Comunidad de Madrid no llega a un céntimo. Entendemos que estamos en crisis, pero no que Madrid sea la comunidad que menos gasta en prevención. Además nos ponen todo tipo de trabas administrativas. En cuanto al Ayuntamiento de Madrid, estamos esperando a renovar el convenio del año pasado. Aunque hay concejales con los que mantenemos buenas relaciones, las áreas de Servicios Sociales y de Economía dejan mucho que desear. Tenemos mejor respuesta en ayuntamientos más progresistas y de las entidades privadas.

Sin embargo, tanto el alcalde, Alberto Ruiz-Gallardón, como la presidenta regional, Esperanza Aguirre, han protagonizado actos públicos con el colectivo.
Eso demuestra que no tienen amplitud de miras. Nosotros convocamos cada año una manifestación y organizamos las fiestas de Chueca, que son las fiestas de la diversidad, a las que acuden no solo gays, lesbianas y transexuales, sino también heterosexuales. Y no solo madrileños, sino miles de turistas. El Ayuntamiento no valora el millón y medio de personas que sacamos a la calle con la manifestación ni los tres millones de personas que pasan por el barrio de Chueca durante las fiestas. Además, está Ana Botella, cuyo empeño como delegada de Medio Ambiente ha sido intentar engañarnos para sacar estas fiestas del barrio de Chueca.

¿Cree que eso podría llegar a ocurrir?
Nosotros nos oponemos, porque la visibilidad que ganamos gracias a eso es mucho mayor dentro de la ciudad. No estamos hablando solo de Chueca, sino que el colectivo se está extendiendo por Malasaña, La Latina o Lavapiés, y celebra macrofiestas privadas en lugares como el Palacio de los Deportes. Y eso es bueno para Madrid en términos económicos. Mientras duran estas fiestas, no hay ni una plaza hotelera libre en todo el perímetro de la M-30. Pero, sobre todo, aprovechamos las fiestas para dar un 'toque' a la sociedad sobre temas como la educación afectivo-sexual o la visibilidad lésbica. Es una fiesta reivindicativa y necesitamos llegar a la gente.

Pero muchos vecinos de Chueca se oponen a las fiestas por el ruido...
Yo no lo llamaría oposición, sino un malentendimiento de ciertos vecinos. Hay una asociación vecinal de la que nunca se ha sabido nada hasta que este año les hizo caso Ana Botella. Nosotros entendemos que hay ruidos, pero me gustaría que la señora Botella se fijase en las fiestas de la Paloma, porque yo vivo allí y sufro los ruidos durante los mismos días. ¿Por qué hay que alejar las fiestas de Chueca por los vecinos y no las de la Paloma o las de San Isidro? Creemos que el Ayuntamiento, en este caso, ha demostrado su 'LGTBfobia' más patente y quiere quitar de aquí a los gays, las lesbianas, los transexuales y sus amigos porque no les gusta cómo quedan en la ciudad.

¿Qué pasaría si finalmente les obligaran a celebrar el Orgullo en otra parte?
Se cargarían una enorme fuente de ingresos. Lo que no entienden los políticos es que el Orgullo, aparte de ser una manifestación reivindicativa,  también es una fiesta dentro de una ciudad. Y eso es lo que llama a la gente: poder tomar copas en plena calle del centro de Madrid, cerca de los 'garitos' LGTB. Y también dejaría de ser una atracción turística. Evidentemente, las fiestas no son del agrado de todo el mundo, pero eso ocurre con todos los festejos. Nosotros hemos intentado implicar a todos para hacer unas fiestas del barrio, que son única y exclusivamente pagadas con dinero privado, porque el Ayuntamiento no pone ni un duro. Dice que se gasta 100.000 euros porque tiene que limpiar e interrumpir el tráfico, pero son gastos secundarios. Y no dicen nada cuando viene el Papa a la plaza de Colón y se corta la zona durante un día o dos, o de las celebraciones de equipos de fútbol, que generalmente acaban con el mobiliario urbano destrozado.

Algunos homosexuales critican el Orgullo porque dicen que no contribuye a la nomalización, sino a acentuar las diferencias.
No compartimos ese punto de vista. Con una manifestación festiva y reivindicativa, sacando a dos millones de personas a la calle, hemos conseguido que los políticos se fijaran en nosotros y, por tanto, conquistar más derechos. A pesar de todo, todavía hay gente que teme represalias si sale del armario y que no puede llevar una vida coherente con su identidad.

¿Alguna vez se ha hecho promoción turística de Madrid como destino LGTB?

No hay dinero público para eso. La única publicidad internacional es a través de COGAM, de la federación y los empresarios LGTB. Ya hay una pequeña incidencia de la Comunidad en este sentido, pero nada que ver con lo que han hecho otras Administraciones, como el Gobierno vasco, la Generalitat o el Ayuntamiento de Barcelona.

Hace dos años, la fiesta se dedicó a la visibilidad lésbica. ¿Se ha avanzado algo desde entonces?

Yo prefiero ver siempre la botella medio llena. Sí que hay un poquito más de visibilidad de las lesbianas, pero aún está a años luz de la que queríamos conseguir. A lo mejor nos falta una Jesús Vázquez, una Boris Izaguirre o una Grande Marlaska que salga públicamente del armario. La mujer lesbiana está discriminada por mujer y por lesbiana. La sociedad no las ha tenido en cuenta y las cosas iban bien mientras no hicieran ruido. Pero todavía nos encontramos con que algunos ginecólogos que les dicen que no tienen que hacerlas exploración por ser lesbianas, como si ellas hicieran el amor a través del aire. O con que, a pesar de poder casarse y tener un hijo, la cónyuge no pueda adoptar automáticamente al hijo de su compañera, cosa que sí pueden hacer los heterosexuales. Y también entre ellas hay que hacer prevención del VIH.

En 2009 se ha hablado de las escuelas. ¿Hay homofobia en los colegios?
No creo que hayamos retrocedido, pero ahora estamos más concienciados. La homofobia se erradica en las escuelas y dando a los adolescentes una buena educación. Pero la homofobia en las aulas ha existido siempre. Si los padres no enseñan a sus hijos unos valores, como que compartir una habitación, un vestuario o un aula con un homosexual no comporta ninguna diferencia, se fomenta el temor a lo desconocido. Nosotros damos charlas en algunos colegios e institutos, a petición de los padres, pero necesitamos que el respeto a la diversidad sexual se incluya en los planes de estudio. Además, ahora hay más visibilidad, lo que no quiere decir que ahora haya más homosexuales que antes. Hoy en día tres de cada diez adolescentes son homófobos y eso indica que a veces la educación en la escuela y en las familias no es la adecuada.

¿Qué ocurre en los centros religiosos?
Depende. Hay sectores de la Iglesia católica, más progresistas, que no tienen ningún problema con nuestro colectivo, además de la mayoría de los cristianos de base. Pero otros, como los más cercanos al Opus Dei y a los Legionarios de Cristo, nos atacan constantemente. En cualquier caso, somos conscientes de que cada vez que el arzobispo de Madrid, Rouco Varela, abre la boca y carga contra nosotros, está cometiendo un error de cara al 60 o al 70 por ciento de la población.