Sara Medialdea | Martes 13 de octubre de 2009
Hay ideas y hay ideas. Las hay de genios y de bombero. Y no seré yo quien ni quite ni ponga rey; doctores tiene el urbanismo y la arquitectura... Viene todo esto al hilo de los proyectos que se cuecen en algunos despachos en torno a lugares emblemáticos de la ciudad, como la Plaza Mayor, la Gran Vía o la Puerta del Sol. Ya advertía desde aquí mismo Antonio Castro hace sólo unos días, por eso que se dice que alguien plantea para el primero de estos lugares. La idea completa, recogida por Rafael Fraguas en El País del lunes, seguro que petrificó la sangre a más de uno: un teleférico sobre la plaza, que llegara hasta el Retiro, y con una torre transparente junto a la calle de Ciudad Rodrigo para apear al personal teletransportado. Ahí es nada.
Meses atrás, era la Gran Vía el objeto de los ambiciosos planteamientos de un arquitecto de fama, Miguel de Oriol. En este caso, la avenida que se abrió hace ahora un siglo para dar aire y amplitud a Madrid, se convertía sobre el plano en un vergel arborícola, peatonal y selvático, mientras los coches se desviaban en túnel y se aprovechaba también el subsuelo para construir aparcamientos.
Dice el alcalde Ruiz-Gallardón, cuando se le pregunta por estos y otros temas del modelo de ciudad, que sólo son productos del debate abierto entre expertos y profesionales. De hecho, asegura que algunos de estos debates se promueven desde el propio Ayuntamiento porque es bueno "pensar la ciudad". Pero, advierte, una cosa es tener ideas y otra es ejecutarlas. Respiremos, pues, tranquilos, de momento. Aunque el debate nos ponga los pelos como escarpias y nos tenga ojo avizor.
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