Nino Olmeda | Sábado 14 de abril de 2007
14 de abril. Un día especial que se merece unas palabras diferentes a las que dedico habitualmente a reflexionar sobre la necedad que cubre el gran circo mediático en que se ha convertido hoy la actividad política. Desde el hoy traigo a mis recuerdos el ayer y me convierto en el padre de la novia Azeguiñe que se casa con un buen mozo y mejor persona el mismo día que en otras etapas tenía que aguantar a los de Brigada Político Social, los maderos del franquismo, y permanecer con ellos todo el día, desde la mañana al final de la tarde, para evitar que celebrara a gusto el aniversario de la II República. Eran otros tiempos.
Recuerdo a uno de los polis que cada 14 de abril me esperaba en el portal de mi casa en el centro de Vallecas, en la Avenida de San Diego, cerca de donde está la sede de la Asamblea de Madrid, para preguntarme qué tenía previsto para la celebración de esa efeméride en los años anteriores a la muerte en la cama del dictador y asesino Francisco Franco. De mi vivienda marchábamos al bar que era conocido por todos como el del marica, donde desayunaba por la cara y también me metía bocata y caña a cargo de los esbirros del asesino. La novia, que aprendió los colores de la tricolor antes que la bicolor, tuvo que pasar de la infancia a la adolescencia como guía de un padre que pensaba que engarzaba sus dedos de la mano con los de su hija para guiarla cuando se ha demostrado con el tiempo que ha sido al revés. Su tranquilidad, bondad y sonrisa permanentemente pegada a su cara han sido mis referencias. Chica deportista en su primera juventud no tuvo la suerte de disfrutar en sus primeros años de la igualdad entre chicos y chicas que hoy está tan de moda incluso entre aquellos que eran entonces machistas redomados y hoy son perfectos imbéciles.
Los tiempos han cambiado. Antes te llevaban a la cárcel por defender el advenimiento de la República, que no es ni más ni menos que una forma de Estado en la que el presidente es elegido por el pueblo y no por los nobles ni por los hombres de buena fe católica y mejor bolsillo. Por eso para mi es tan especial este 14 de abril, porque estoy a la espera para recoger a la novia y llevarla a la Plaza Mayor, donde nos espera la edil que oficiará el acto: Inés Sabánes. Esta mujer, republicana y vallecana de adopción que se ha atrevido a decir que le gustaría ser presidenta de la Comunidad de Madrid y llevar en su Gobierno a Rafael Simancas de vicepresidente. Esto sólo lo puede decir desde la chulería de alguien bien educado en Vallecas, el barrio del padre, de la novia y de miles y miles de madrileños, entre ellos el cura Enrique de Castro que en aquellos años en los que Franco y sus secuaces nos impedían pensar y vivir en libertad ya estaba entre nosotros.
Seguro que mi recuerdo le llega a ese sacerdote molón que en aquella etapa en la que recordar el 14 de abril era un delito siempre nos apoyaba. Desde el periodista acostumbrado a ver la realidad con cariño y ternura, pero a expresarse con dureza hacia los que a veces se lo llevan crudo si dar nada a cambio más que las gracias a su padrino político, me encanta poder decir con todo el amor del mundo ¡Viva el 14 de abril¡
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