Opinión

Una jornada por el empleo y la dignidad

Óscar Iglesias | Miércoles 07 de octubre de 2009
Al Fondo Monetario Internacional, a los poderosos del planeta, hay que decirles que el trabajo no es una mercancía y la pobreza, en cualquier lugar, constituye un peligro para la prosperidad de todos.

En un contexto mundial de globalización, donde el crecimiento de los salarios es bajo en la mayoría de los países (durante el período comprendido entre 2001 y 2007 los salarios medios reales crecieron en un 1,9% al año o menos a nivel mundial), donde desde 1995 la desigualdad entre los salarios más altos y los más bajos ha aumentado en más de dos tercios, donde los sueldos de las mujeres representan por término medio entre el 70% y el 90% del de los hombres y donde más de 200 millones de niños de todo el mundo son ya trabajadores y realizan tareas dañinas para su desarrollo mental, físico y emocional, los valores fundamentales de libertad, dignidad humana, justicia social, seguridad y no discriminación son esenciales para un desarrollo sostenible en materia económica y social.

La  importancia y el significado especial de los derechos fundamentales, es decir, la libertad de asociación y la libertad sindical y el reconocimiento efectivo del derecho de negociación colectiva, la eliminación de todas las formas de trabajo forzoso u obligatorio, la abolición efectiva del trabajo infantil y la eliminación de la discriminación en materia de empleo y ocupación, el diálogo social entre los gobiernos y las organizaciones representativas de trabajadores y de empleadores, tanto en el plano nacional como en el internacional, resultan ahora aún más pertinentes para lograr soluciones y fortalecer la cohesión social y el estado de derecho, entre otros medios, mediante las normas internacionales del trabajo.

Hay que luchar por el trabajo digno , que puede resumirse en cuatro ejes del Programa de Trabajo Decente de la OIT, en los que la igualdad de género y la no discriminación deben considerarse cuestiones transversales en todos ellos:

•    Promover el empleo creando un entorno institucional y económico sostenible en cuyo marco las personas puedan adquirir y actualizar las capacidades que necesitan para poder trabajar en aras de su propia realización personal y el bienestar común, de forma que la sociedad pueda conseguir sus objetivos de desarrollo económico y de progreso social y alcanzar un buen nivel de vida.

•    Adoptar y ampliar medidas de protección social adaptadas a las circunstancias nacionales, con la ampliación de la seguridad social a todas las personas, condiciones de trabajo saludables y seguras y actuaciones en materia de salarios, ganancias, horas laborales y otras condiciones de trabajo, destinadas a garantizar a todos una justa distribución de los frutos del progreso y un ingreso mínimo vital para todos los que no tengan empleo y necesiten esa clase de protección.

•    Promover el diálogo social como método más apropiado para traducir el desarrollo económico en progreso social y el progreso social en desarrollo económico, facilitando la creación de consensos en materia de empleo y trabajo decente.

•    Respetar, promover y aplicar los principios y derechos fundamentales en el trabajo, no sólo como derechos sino también como condiciones propicias y necesarias para el desarrollo económico y humano.

El 7 de octubre la Confederación Sindical Internacional ha convocado la Jornada Mundial por el Trabajo Decente. Será un día más –pero especialmente relevante- para exigir la creación de puestos de trabajo, la reducción de la temporalidad, el aumento de la formación y la promoción de la igualdad entre la mujer y el hombre.

Por eso queremos que este 7 de octubre sea una jornada de libertad y solidaridad por el empleo y la dignidad. En fin, una Jornada por el Trabajo Decente a cuyo éxito todos estamos convocados a contribuir.

Óscar Iglesias es Presidente del Grupo Socialista en el Ayuntamiento de Madrid

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