Opinión

Trabajo decente: una lucha de todos los días

José Ricardo Martínez Castro | Martes 06 de octubre de 2009
Por segundo año consecutivo, el 7 de octubre, nos manifestamos los trabajadores y trabajadoras de todo el mundo en lucha por conseguir que el “trabajo decente” alcance el último rincón del planeta, desde los países con mayores niveles de desarrollo hasta los más pobres y desasistidos. Es el motivo de la movilización convocada por la Confederación Sindical Internacional (CSI) en una fecha ya instituida como Jornada Mundial por el Trabajo Decente (JMTD).

Para la Unión General de Trabajadores y para el movimiento sindical en su conjunto estas movilizaciones forman parte de una continuada estrategia de acción en defensa de los derechos fundamentales de la clase trabajadora. Y éste, el de que todos tengan un trabajo decente en cualquier lugar del mundo, es el primero y más elemental de esos derechos.

Porque, como ya he tenido ocasión de manifestar en otras ocasiones, no puede haber otro trabajo, no debería haber ningún trabajo, que no fuese decente, justamente porque el trabajo que no reúna los requisitos para serlo, en rigor tampoco podría ser considerado trabajo en el mejor sentido, y en el único aceptable, de esta palabra.

Esta Jornada a nivel mundial es muy importante, y así lo vamos a expresar en las manifestaciones y concentraciones en la calle convocadas al efecto. Pero esta lucha es la de todos los días, una reivindicación permanente que constituye nuestra misma razón de ser como organizaciones representativas de las trabajadoras y de los trabajadores para la  defensa de  sus intereses. 

Y es en este momento, en pleno combate contra los efectos y consecuencias de la crisis, cuando millones de personas en todo el mundo se están quedando sin trabajo, y muchos de los que aún lo conservan ven precarizada día a día sus condiciones laborales y de vida; es éste un momento en que la adopción de las políticas encaminadas a superar la situación actual y a cambiar, además, las pautas del modelo productivo y a establecer las nuevas reglas reguladoras del sistema económico internacional, exige la plena asunción de este concepto de “trabajo decente” como prioritario en la agenda de los agentes sociales y, desde luego, en la de los Gobiernos y en la de las distintas Administraciones tanto a nivel local y regional como nacional e internacional. 

Pero no se trata, claro está, sólo de asumir un concepto teórico, sino sobre todo de llevarlo a la práctica, a la realidad laboral del mundo del trabajo, de una clase trabajadora que es la que está pagando la factura de una crisis de la que no es en absoluto responsable, como tampoco lo son las condiciones de un mercado de trabajo ya bastante degradado como para que, ahora, las cúpulas empresariales lo quieran precarizar aún más.  

Aquí, en esta actitud empresarial, reside una de las claves de esta lucha a favor del “trabajo decente” que hoy es inseparable del combate contra la crisis y de la búsqueda de una salida justa —repitamos estas palabras: una salida justa— a la muy grave situación social y económica actual.

Por eso, en este contexto, resultan especialmente lamentables los posicionamientos que vienen adoptando las direcciones de los empresarios tanto españoles como madrileños, tan alejados de una comprensión global de los problemas por los que estamos pasando, lo que les está haciendo tomar posturas maximalistas de ruptura, paralización o bloqueo de diálogos o de negociaciones, precisamente cuando más falta haría el encuentro, el acuerdo y la conjunción de esfuerzos entre todos para poner fin a las dificultades del presente.

Tienen que saber los empresarios, y los poderes públicos, que el nuevo modelo a construir tiene que ser muy distinto al que ha regido hasta ahora y que ha sido el causante de esta crisis sin precedentes. Y es ahí donde la universalización del trabajo decente es una condición indispensable de un sistema que, en consecuencia, deberá ser también decente, es decir, lo que no ha sido hasta ahora.

Por todo ello nos manifestamos en la Jornada del 7 de octubre los trabajadores y trabajadoras, las ciudadanas y los ciudadanos, de nuestra región y de nuestro país, solidarios con un movimiento de carácter internacional que este día, y todos los días, exige justicia, derechos y trabajo decente para todos, aquí y en cualquier lugar del mundo.      

José Ricardo Martínez Castro
Secretario General de UGT-Madrid

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