Opinión

La píldora que nos ocupa

Pedro Fernández Vicente | Miércoles 30 de septiembre de 2009
Estábamos los madrileños tan contentos con nuestras obras, nuestros atascos, con ese aluvión de multas que persigue a los conductores y otras cuestiones que nos entretienen cotidianamente, cuando de repente nos invade otra bomba polémica. Casi de tapadillo llega a las farmacias madrileñas la píldora poscoital, a la que también se denomina como píldora del día después.

Un tema más para el debate, ¡y qué debate!, porque este promete grandes desacuerdos. El gobierno dice, y eso va a misa, que la píldora se le puede vender a las jovencitas que lo soliciten y, además, sin receta médica. Eso sí, cada píldora debería venir acompañada de un folleto explicativo, para evitar errores. Pero en esto, como en otras cuestiones, no nos hemos equiparado a los alemanes y la desorganización es lo primero que salta a la vista. Las madrileñas pueden solicitar el fármaco, pero los folletos encargados de dar la alarma social sobre el uso del compuesto, no han llegado a las estanterías de todas las farmacias.

Y hay más, algunos farmacéuticos de Madrid ponen el grito en el cielo e, incluso, se niegan a dispensarlo, porque la cosa tiene su importancia. La venta libre de una píldora de estas características nos acerca al riesgo de que una mente muy joven y posiblemente inmadura, considere el medicamento en cuestión como un sistema anticonceptivo, más que una fórmula excepcional de uso en contadas ocasiones, a lo largo de la vida. Lo importante es el mensaje que se les envía a los jóvenes y no se debe utilizar “a la buena de Dios” porque no es una solución inocua. El colegio de médicos de Madrid considera que este medicamento, capaz de evitar el embarazo hasta 72 horas después del coito, puede crear complicaciones de diversa índole en mujeres con obesidad, con diabetes, con algún tipo de patología hepática, con quienes tienen alto el colesterol……en fin, como decíamos, que no es inocuo. El uso abusivo puede llegar a ser grave.

Se han dicho muchas cosas sobre el aborto a los 16 años, sin que lo sepan los padres y, sin embargo, a mi me parece mucho más grave la venta libre de esta pastilla que el aborto. Cuando una niña, madrileña o no, tenga los años que tenga, se dirija a un centro médico a solicitar una intervención para frenar su embarazo, lo primero que se encontrará en ese camino es a un medico, a una enfermera…, es decir, a unos profesionales conocedores de su trabajo. La chica, aunque sus padres permanezcan ignorantes de las intenciones de su hija,  estará en manos expertas capaces de conducir la situación con un riesgo mínimo para la paciente.

Profesionales de la medicina con edad y conocimientos suficientes que no dejarán que la intervención se haga de forma anómala ni en perjuicio de la salud de la pequeña. Nada tiene que ver la situación que se pueda crear con la píldora postcoital. Cualquier niña, sin control paterno, que las hay, puede caer en la tentación de convertir la pastilla, como decíamos, en una sistema anticonceptivo, digan lo que digan los folletos, que no leerá, ni los farmacéuticos, a los que no escuchará, porque para eso tiene 16 años.

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