Antonio Castro | Martes 29 de septiembre de 2009
“En primer lugar Mary Carrillo, después, nadie”. Así de rotunda fue María Luisa Ponte opinando sobre la gran actriz desaparecida este verano. El teatro Español, que ella ocupó una década con la compañía Lope de Vega, ha sido el escenario para un largo, larguísimo, homenaje a la actriz.
Son decenas los profesionales de la escena que pueden contar anécdota y recuerdos de Mary. Por el escenario de la plaza de Santa Ana desfilaron unos pocos. Nuria Espert recordando la invitación a comer en Navidad que le hizo el matrimonio Hurtado-Carrillo recién llegada ella a Madrid para una sustitución en “Diálogo de carmelitas”. Raúl Sender, que no tiene un Goya cinematográfico, contando la visita que le hizo Mary una tarde.
Portaba el galardón que había recibido por “Más allá del jardín” ya que estaba empeñada en que Sender tuviera una foto con el Goya. Recuerdos de una larga vida -Mary hubiera cumplido 90 años el 14 de octubre- compartida con Diego Hurtado y sus cuatro hijas. La gemelas Teresa y Fernanda recibieron un cariñoso aplauso del público que llenó el teatro cuando aparecieron en el patio de butacas. Los amantes del teatro hemos perdido a una gran actriz, ellas, como me decía Paloma tras la muerte, han perdido a la madre.
El rosario de intervenciones largas y
prolijas provocó numerosas carcajadas por el rico anecdotario que protagonizó en su vida la Carrillo. Pero la emoción se adueñaba del auditorio en los escasos minutos que aparecía ella en la gran pantalla, con una selección de secuencias. Alguna inolvidable. Como las imágenes de “Marianela”, su deslumbrante debut cinematográfico. La fuerza de la actriz ya aparecía en todos sus planos. Y la ternura desbordante en la nana que cantaba en su despedida de los escenarios con “Hora de visita”. Ministerio de Cultura y Ayuntamiento han organizado esta velada. ¿Tendremos oportunidad de recuperar en alguna cadena pública sus mejores interpretaciones para la gran y pequeña pantalla? Aunque me cueste reconocerlo, no lo verán nuestros ojos.
Pero Mary Carrillo permanece en nuestro recuerdo. Quienes la trataron pueden disfrutar rememorando los momentos que vivieron junto a ella. Los que la admiramos sobre la escena, evocando sus personajes, su manera de interpretar, alejada de cualquier escuela, su permanente condición de gran actriz, dentro y fuera del teatro.
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