MDO | Miércoles 19 de agosto de 2009
Al norte de Colmenar Viejo se esconde un tesoro que muchos desconocen. En el yacimiento de Navalahija, situado en la Dehesa de Navalvillar, aguardan a ser descubiertos restos arqueológicos de gran valor histórico que datan del siglo VII. Allí trabajan, desde el 1 de agosto hasta el 15 de septiembre, cinco arqueólogos y 30 voluntarios vecinos del municipio, con el objetivo de confirmar si están ante un asentamiento rural de la época hispanovisigoda, tal y como apuntan los estudios.
Llegar a la dehesa donde se están realizando excavaciones arqueológicas no es una tarea fácil. Hay que encontrar las FAMET (Fuerzas Aeromóviles del Ejército de Tierra), girar en un camino de tierra y llegar a una puerta. Después de un par de kilómetros de baches y pendientes arenosas llegamos al lugar.
Allí nos espera Fernando Colmenarejo, uno de los arqueólogos. Con él trabajan Rosario Gómez, Cristina Rovira y Jesús Jiménez, otros tres expertos en excavaciones; Alfonso Pozuelo, que es agente forestal, y Roberto Fernández, antropólogo cultural.
“Creemos que estamos ante lo que podríamos llamar una aldea”, nos comenta el científico. Al llegar vemos un montón de rocas delimitadas por una cuadrícula que están situadas en lo que parecen habitaciones. “El material hallado mayoritariamente ha sido la cerámica”, dice el experto, "elaboradas con barro recogido en la propia dehesa".
Nada más bajarnos del coche la alegría y los vítores llenan el espacio seco y árido del coto. “¡Mira lo que hemos encontrado, Fernando!”, grita uno de los voluntarios. “¡Es un molino!”. Todo un hallazgo. “Esto nos da información de lo que sucedía aquí. Esta estancia podría ser un granero”, alega el arqueólogo. “Arrojamos luz sobre esta época de la que poco se sabe y lo mejor es que hacemos partícipes a los vecinos de Colmenar. El hecho de trabajar en estas excavaciones hace que mimen y protejan su patrimonio”, apunta.
Equipo heterogéneo
El equipo está formado en su mayoría por vecinos de Colmenar Viejo. “Desde los 16 hasta los 70 años, puede venir quien quiera”, declara Gómez. “Sólo necesita la tarjeta sanitaria”. Y eso es lo que nos encontramos: a L., de 16 años, que trabaja codo con codo con Eleuterio González, un jubilado de 65. “Es la mejor manera de acercar la ciencia a los vecinos", nos precisa Rovira. "Crece en ellos la curiosidad”.
“Hacen que se te despierten las ganas de indagar”, aclara Eleuterio. “Yo estoy jubilado y es la mejor opción para pasar mi ratos libres”, manifiesta. Desde que en 2008 comenzara esta iniciativa, Eleuterio está aquí, en la dehesa, al pie del cañón. “Es todo un veterano”, apunta Rovira.
“Pese a no tener formación científica ha ganado tanta experiencia que casi no tenemos que darle ninguna pauta”. Y es que para hacer de voluntario, primero imparten unas clases rápidas. Muestran las herramientas y dan tres claves. “No arrancar las piedras, solo pasarles la brocha; no arrancar las raíces, solo cortarlas, y sobre todo preguntar cualquier duda”.
Hallazgos
Las primeras teorías apuntan a que podría tratarse de poblaciones rurales con economía mixta, como prueba, por ejemplo, el hallazgo de escoria. Sin embargo, hasta que no se analicen todos los restos, no se puede dar una valoración definitiva.
“Aquí es donde empieza el trabajo más duro”, explica Colmenarejo. “Es el trabajo con la lupa, con los archivos, con estudios anteriores, en definitiva: el trabajo de laboratorio”. Una vez hallados los restos, se desentierran, se limpian se catalogan y se envían al Departamento del Museo Arqueológico Regional de la Comunidad de Madrid, en Alcalá de Henares, para su estudio.
Pero, según nos informa Rovira, no todo pertenece al siglo VII. “Hace 50 años esto era un campo de tiro y de maniobras militares”. “Desenterrando los restos hemos encontrado un par de kilos de balas y metralla”.
“Tenemos montones de bolsas llenas de ellas”, agrega Gómez. “Los voluntarios podrán llevarse, como recuerdo, una de estas balas”, comenta entre risas. Estas balas no son ni el santo grial, ni el arca perdida, pero tienen tanto valor como cualquier pieza histórica que encuentren. “Es un recuerdo de que hemos ayudado a desenterrar nuestra historia”, aclara Eleuterio. Y es que estos vecinos se han convertido en auténticos Indianas. Los Indiana Jones de Colmenar Viejo.