Opinión

Mendigo game

Enrique Villalba | Viernes 07 de agosto de 2009
Me entero con abierta repugnancia que se ha creado un juego llamado 'Mendigo Game'. Se trata de un espacio de ocio on-line en que el usuario, que se puede inscribir de forma gratuita, crea un personaje ficticio en el que encarna un mendigo. Es algo así como un juego de rol por internet en el que cada usuario tiene que intentar ser el mejor 'mendigo de toda Madrid'. Para eso, tiene que hacer cosas como cursos de carterismo, recoger chatarra, tener cucarachas por mascotas para utilizarlas en peleas, pedir limosna, tener un alto grado de alcohol (que se consigue bebiendo calimocho o whisky), entre otras lindezas. También pueden participar en peleas de bandas de mendigos para hacerse con la ciudad (con 24 armas para atacar y 23 maneras de defenderse) o dar cursillos de educación, contratar un seguro médico o tocar en la calle para ganarse la vida. Así aumenta sus características y está más cerca del paraíso soñado, que es hacerse rico y vivir en el Palacio Real.

El juego procede de Alemania. Allí se hicieron dos versiones, una de la ciudad de Hamburgo y otra de Berlín. Ha sido todo un éxito. También ha triunfado en Londres y en Varsovia. Su llegada a Madrid ofrece la posibilidad de moverse por toda la ciudad y hacer todas estas barrabasadas desde el supuesto manto protector que ofrece la indigencia. Los personajes que ilustran la portada del juego (vestidos de torero) salen impresionados sobre fotos de zonas ilustres de la ciudad como la Plaza de España o la calle Mayor. Además en el servidor del juego sale el mapa y el escudo municipal.

Para comenzar a jugar se alienta al usuario con el siguiente mensaje de bienvenida: "Ahora te has convertido en un mendigo sin talento, asiduo en la Cuesta de la Vega y que no sabe leer ni escribir, hablar tampoco se te da bien... Pero ya estás hart@ de tanta miseria: lo que quieres es hacerte rico. Así que aprende a leer y escribir y coloca pancartas para gorronear mejor. ¡Llama la atención tocando la guitarra e impresiona a la gente con tu mascota encantadora! ¡Búscate un carrito para recorrer toda la ciudad recogiendo chatarra y véndela al mejor precio posible! Conviértete en un timador y en un temido carterista. En fin, ¡gánate premios y conquista el ranking para ser el mejor mendigo de toda Madrid!". Cuando Madridiario vio el juego había más de 900 personas conectadas haciendo de mendigos virtuales. Y tiene foro de debate público en Facebook con comentarios como: "Dami aaaaaalgo, que es triste de pedí, pero mas triste es de robá..... xD" o "oye coleguitash, dame algo de cambio, po favó sos lo pido. Mira, yo no sos miento ni ná, yo lo quiero pa kalimocho y pa leche pa mi novia la Jessi, que acaba de tener un hijo. Grascia y que Diosh sos bendiga! Hip!". Eso en sus primeras horas de desarrollo en las redes españolas.

La empresa dice que el juego sólo ha tenido problemas en Hamburgo. Y lo único que hace es una "sátira" de la situación existente que no es real, y que "juega con estereotipos". "El juego materializa la idea del progreso, como en 'La Cenicienta', todo el mundo quiere hacerse rico, así que les ofrecemos la posibilidad de alcanzar sus sueños", comenta una portavoz.

Como ya me conozco el percal, ahora los apocalípticos de turno dirán que el problema son los juegos de rol. Y uno, que lleva jugándolos desde hace más de 15 años, sólo puede decir, como parte, que tamaña gilipollez clasista y xenófoba sólo confirma la regla de lo que no representa esta alternativa lúdica. Y quien quiera saber más que se informe, que no hay nada mejor para saber las cosas que conocerlas y no me pagan por hacer de apóstol de nada. Como ejemplos de esta tipología de rol en particular, para que sean conscientes de que el problema no está en la herramienta sino en el contenido, sólo me limitaré a citar, entre otros, juegos gratuitos de éxito en internet como uno que desarrolla la posibilidad de gestionar una abadía, otro que trata de una escuela de gladiadores, u otro sobre vampiros, entre muchísimos más. Recomiendo para forjarse más opinión sobre los juegos de rol un artículo en el que ya habló el académico de la lengua Arturo Pérez-Reverte titulado 'Homo-Ludens'.

Lo que me aterra son los valores en los que anda metida la sociedad como para permitir triunfar un juego (que permite, según el código civil alemán, inscribirse a menores de edad) en el que se ridiculiza al marginado y se le convierte en un personaje risible que tiene que explotar valores como el robo, la violencia y el engaño para triunfar. Además, es que estas características ni siquiera representan a los indigentes, tal y como demuestran los estudios de organizaciones que tienen autoridad para hablar al respecto. Y seguro que habrá gente que lo defienda. Que dirá que hay que respetar la libertad de quien quiera jugar a esto. Que la culpa es de los medios, que somos unos manipuladores. Etcétera, etcétera, etcétera.

Pues lo siento. Creo que todo no vale. Y menos estimular a la gente a frivolizar un problema social como es la indigencia. A pesar del relativismo que defienden algunos, hay unos límites que no se pueden sobrepasar. Y menos en una situación de crisis como en la que vivimos en la que mucha gente se está viendo abocada a acudir a la asistencia social de administraciones e instituciones para poder salir adelante.

Decía un profesor de antropología filosófica que tuve en la facultad que el juego es uno de los elementos esenciales para el aprendizaje de valores y conductas sociales. Si esto es así, no es una locura pedir que se controlen estos contenidos, principalmente en internet (el espacio virtual se legisla mucho pero el delito y la falta total de valores campa a sus anchas, y está a disposición de cualquiera) para evitar que la sociedad y, más en particular, los menores de edad, tome contacto con determinadas formas de pensar que crean diferencias entre las personas y conducen a actitudes que atacan a las minorías más desfavorecidas de la sociedad. Los padres, los educadores y las administraciones deberían recuperar los juegos que nos enseñan verdaderos valores como la convivencia, la sociabilidad, el amor por el conocimiento, la cooperación, el respeto y la competencia leal. Es decir, como los buenos juegos de rol.

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