Alfredo Menéndez | Miércoles 22 de julio de 2009
Ya que este verano se ha puesto tan de moda lo de los acrónimos – gracias a Cristiano Ronaldo antes conocido como CR – les propongo a los lectonautas de Madridiario un serial canicular sobre nuestros prebostes, próceres, insignes, eminentes e ilustres prohombres y promujeres. Vamos: nuestros políticos y políticas, nuestros líderes y lideresas. Este serial – por otra parte un género muy agostil – arranca con el cargo de más rango entre los cargos electos, el de la Presidenta de ésta nuestra comunidad: Esperanza Aguirre a partir de ahora EA. Y lógicamente dado el tiempo, los calores y el tono vacacional en muchos casos, estas reflexiones se inundan de líneas argumentales que durante el año no tienen cabida.
EA se ha quedado – y ahora lo explico - como Madonna: reinventándose continuamente y como auténtica Reina del Pop. El Pop se ha quedado huérfano tras la muerte de Michael Jackson y el PP a veces parece huérfano y sin rey (no me imagino a Mariano Rajoy haciendo el famoso paso de Moonwalk). Así que tras el último capítulo de la financiación y su enfrentamiento con Javier Arenas, pero con otros episodios anteriores no menos sonados y que demostraron que está ‘sola ante el peligro’ podemos colegir en que EA es la nueva ‘ambición rubia’.
Ahora que Madonna anda por Madrid lo mismo se pueden encontrar - ella y EA - rompiendo unos huevos en la Cava Baja o haciendo footing por El Retiro. Bueno: sólo lo primero. Pero quizá Madonna le pueda contar a EA cómo se pasa del ‘Like a Virgin’ al ‘'Give it 2 me' durante tres décadas pareciendo cada vez más joven y sin abandonar el cetro de reinona que le dieron a finales de los ochenta y que no ha abandonado desde entonces.
Quizá lo único que no le veo a EA con respecto a Madonna, es ese toque ‘guarrillo’ – sabrán disculparme – que le imprime la cantante a su carrera musical. Vale que EA ha tenido que lanzarse al barro muchas veces – algunas queriendo, otras empujada – pero de eso a aparecer espatarrada en el escenario hay un paso grande. Así que al César lo que es del César, a Madonna lo que es de Madonna y a Aguirre lo que es de Aguirre. Cada uno en su casa, y Dios en la de todos.
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