Ángel del Río | Lunes 29 de junio de 2009
Con dos años de retraso, el pasado sábado se inauguró por todo lo alto la nueva estación de Sol, donde comparten espacio Metro y Cercanías. Los responsables de Fomento echaron la culpa del retraso a la aparición de restos de los cimientos de la antigua iglesia del Buen Suceso, circunstancia que no tiene ningún fundamento a la hora de justificar dos años de retraso, cuando esta incidencia pudo demorar los trabajos como mucho un par de meses.
Con todo boato y presencia de altas autoridades se inauguró la nueva estación. Presidente de gobierno, ministro de Fomento, presidenta de la Comunidad y alcalde de Madrid, participaron en tan solemne acto, con traspiés de Esperanza Aguirre, que dio un serio tropezón y a punto estuvo de besar el flamante enlosado. Un mal paso lo da cualquiera, pero enseguida se pasó el susto y llegó la hora feliz, la hora de los parabienes, esa en la que Esperanza Aguirre alabó la labor del ministro Blanco y destacó las nuevas y cordiales relaciones entre el gobierno de ZP y el suyo propio. Pues que dure mucho, para bien de los madrileños, pero ya sabe que con Zapatero, el hombre de las buenas palabras y de los nulos hechos, todo puede cambiar en poco tiempo.
La cúpula de acceso a la nueva estación es un elemento para la polémica, la discrepancia y el gusto de los colores. Hay a quien le parece bien esa estructura modernista acristalada; para otros es demasiado atrevida y a algunos, los que somos más costumbristas –Gallardón diría que antiguos-, no nos gusta demasiado y hubiéramos preferido una estructura más clásica, acorde al marco en el que se emplaza, aunque los nuevos diseñadores, los arquitectos vanguardistas, prefieren hacer compatible lo clásico con lo moderno. Es cuestión de gustos. Ocurrió con aquellas farolas supositorio que se instalaron en Sol, contra las que algunos emprendimos una campaña cívica apoyada por muchos sectores y que al final conseguimos del que era alcalde, Juan Barranco, que rectificara y se abriera un proceso de recepción de ideas.
Al final se impuso la opción mayoritaria, que era la de las farolas de estilo fernandino, aunque quedaron en medio de la plaza los dos grandes candelabrazos, pero del mal, el menos. Ese debate con Gallardón hubiera sido imposible, porque no admite otras opciones que vayan contra su idea original y, además, le gusta lo moderno sobre lo antiguo, la innovación sobre la tradición. Lo importante es el contenido de la nueva estación y no el continente estético. Quedamos en Sol.
TEMAS RELACIONADOS: