Opinión

Valoraciones post electorales

Ángel del Río | Martes 09 de junio de 2009
Cada partido político arrima el ascua a su sardina. Suele ser habitual que tras unas elecciones, todos hagan una interpretación positiva interesada de los resultados, porque cada uno ve la feria de las urnas según el color del cristal con que las mira. Todos han ganado, aunque algunos hayan perdido. Luego afloran los comentaristas, articulistas y líderes de opinión de la clase política para sentenciar con sus análisis personales, algunas veces claramente partidistas, las conclusiones. Y en este caso, también, todo es según el color del cristal con que se mira. Hay quienes estiman que la victoria del PP en las europeas ha sido rotunda y contundente y que puede marcar una tendencia extrapolable a unas generales. Los hay que opinan que sin tener relaciones unos comicios con otros, queda claro que por primera vez Mariano Rajoy ha derrotado a Rodríguez Zapatero fuera de unos comicios locales. Y entre los analistas, comentaristas, articulistas o líderes de opinión, se encuentran aquellos que tratan de buscar tres pies al gato y echar la culpa el encintado, quienes reconocen la victoria del PP, pero con matices, tantos matices que casi terminan vistiéndola de derrota, porque ha sido pírrica, porque el PP tenía que haber sacado mucha más ventaja al PSOE, porque en las actuales circunstancias, con más de cuatro millones de parados, los populares deberían haber arrasado, y culpan a su líder, Rajoy, de no haberlo hecho. Hay que tener en cuenta que pese a la actuales circunstancias por las que atraviesa el país, cuando los socialistas están en poder saben mover los resortes para minimizar en las urnas la situación real del estado de la nación, sobre todo porque tienen a su lado el apoyo mediático, la cercanía de la mayoría de los medios de comunicación; sin embargo, el PP, con clara minoría en los medios, tiene la desventaja también de que algunos de esos opinadores influyentes le hacen un flaco favor intentando dividir el apoyo dentro del mismo partido, para después culpar al líder de no haber alcanzado los objetivos que ellos mismos, los opinadores, les han marcado.

Al margen de estas cuestiones y ciñéndonos a los resultados de Madrid, sin ánimo de extrapolarlos, demuestran que nuestra Comunidad es, por el momento un bastión inexpugnable del PP; que Ruíz Gallardón y Esperanza Aguirre, aunque no se lleven bien en lo personal, forman un dúo político difícil de batir en las urnas, capaces de arrastrar al electorado a una distancia considerable del PSOE, a pesar de casos Gürtel, espías, denuncias en los juzgados, acusaciones y otros acosos, que no han hecho mella en el electorado, aunque el líder de los socialistas madrileños, Tomás Gómez, le da la vuelta a todo y convierte la abultada victoria del PP en Madrid en el inicio de una tendencia regresiva que llevará los populares a perder la mayoría absoluta. Dentro del PSOE no todos piensan como Gómez, es más, la mayoría piensa que se ha dado otro paso atrás.

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