Ángel del Río | Miércoles 03 de junio de 2009
En esta campaña electoral que, afortunadamente, da sus últimas bocanadas, se ha hablado de todo menos de Europa. Los políticos han entendido que había que aprovechar el momento para tender al sol trapos sucios, remover en el fondo del estanque para que el cieno lo enturbiara todo y sacar retratos de familia con sus miembros colocados y bien colocados.
Los candidatos han hablado poco de ellos mismos y los líderes de los partidos, todavía mucho menos de los candidatos. Europa puede esperar al lunes, la campaña había que aprovecharla para hacer como una especie de repaso a la actualidad, un repaso a los asuntos más bajos de las miserias de cada uno, a los grandes problemas de la sociedad española y a las minucias que intentan minimizar las grandes cuestiones que nos preocupan.
En estas elecciones se ha hablado de presunta financiación ilegal de hace seis años, que en caso de ser delito ya hubiera prescrito, de corrupciones y corruptelas en los bajos fondos de los partidos, de aviones Myster en mítines, de la familia y uno más, la de Chaves, de trajes, de la boda de la hija de Aznar que parece que fue en el siglo pasado por el tiempo transcurrido, del paro y de brotes verdes, esos que según dijo ayer el consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, Juan José Güemes, pueden ser de marihuana y habérselos fumado el gobierno, un Güemes que parece haber esnifado últimamente vientos de futuro. Se ha utilizado el paro como arma arrojadiza en campaña electoral.
El gobierno de Zapatero alucina en colores con una presunta recuperación de la crisis; la oposición está que fuma en pipa porque cree que los datos del paro se han cocinado. En el conjunto de España, baja el paro; en la Comunidad de Madrid, sube. Pero siempre hay una explicación para intentar convertir lo negativo en todo lo contrario, explicaciones como las que daba ayer la consejera de Empleo y Mujer de la Comunidad de Madrid, que no entendemos. Menos mal que el lunes las aguas fecales habrán vertido al mar de Europa y nos ahorraremos, supongo, seguir aspirando pestilencia.
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