José Luís Belinchón, director de la Oficina de Jóvenes Investigadores, compara un proyecto de investigación que nace, con un árbol gigantesco. Sus raíces pueden ser los inicios, el tronco el primer resultado de envergadura—generalmente la tesis doctoral—, y la copa, innumerables caminos de indagación que se abren posteriormente. El científico empeñado en ascender desde la dura tierra, hasta las nubes que acarician sus ramas, tendrá que utilizar toda su pericia y no desanimarse ante los primeros obstáculos, por que la ascensión no siempre es sencilla.
Para empezar, hay que aprender a dominar un buen puñado de siglas: becas I3P, FPI, FPU, JAE…Y tener mucha paciencia. Los primeros años de un joven investigador transcurren en una espera intermitente entre beca y beca, o entre contrato temporal y contrato temporal. Así lo describe Marcos Pita, doctor en Químicas, que ha pasado más de diez años ‘enganchando’ una beca con otra. A pesar de ello, tras sortear las raíces y escalar el tronco, está empezando a vislumbrar la copa y en la actualidad es profesor asistente en investigación en la Universidad de Clarkson de Nueva York.
De la beca al contrato
La situación laboral de los jóvenes investigadores madrileños mejoró hace ya tres años, algo tarde para Pita. Según José Luís Belinchón, a mediados de los años noventa, un becario predoctoral cobraba menos de 600 euros (100.000 pesetas de la época), con exigencia de exclusividad pero sin cobertura de riesgos laborales o prestaciones sociales. “La Comunidad de Madrid, en junio de 2006, aplicando las recomendaciones de la Unión Europea (Carta Europea del Investigador), reconoció como personal laboral a los investigadores, convirtiéndose en la primera Comunidad que adoptaba dichas recomendaciones”, asegura Belinchón.
El director de la oficina añade que, desde entonces, la financiación de investigadores en Madrid se ha realizado exclusivamente mediante contratos y no mediante becas, lo que supone contar con todos los derechos laborales de los investigadores asegurados desde el principio. Aunque existe una excepción. El actual Estatuto del personal investigador en formación, aprobado en enero de 2006 y que regula el trabajo del personal investigador becado, considera que su actividad no tiene carácter laboral, sino formativo, por lo que les excluye de la protección por desempleo y de otros servicios como la baja por maternidad. Algo que por otro lado, también ocurre en sectores ajenos a la ciencia.
Pita asegura que estas excepciones son muy perjudiciales para la actividad del investigador. “Conozco personalmente casos de gente muy válida que ha esperado un año hasta saber si le concedían un ‘post-doc’ después de la tesis. Claramente, cuando llega han abandonado la ciencia y trabajan de otra cosa.” Su experiencia personal lo avala. “Durante mis cinco años de trabajo-como becario- en el CSIC he hecho entre cincuenta y sesenta horas a la semana, ha habido años que he tenido literalmente cuatro días de vacaciones, y sólo he cotizado para la jubilación un año y nueve meses.”
Una carrera en 'grados'
Pero algo se mueve en las altas esferas políticas y la situación de los jóvenes científicos volverá una vez más a transformarse. El pasado mes de febrero el Ministerio de Ciencia e Innovación presentó un borrador de la nueva Ley de la Ciencia y la Tecnología con el que pretende incorporar los principios de la Carta Europea del Investigador –como ya hizo la Comunidad de Madrid- y definir los primeros escalones de la carrera investigadora.
“Se primarán la excelencia y la movilidad y se incorporarán mecanismos de consolidación de empleo”, detalla Belinchón al hablar de sus aspectos positivos. “Pero no todo son alabanzas-añade- la carrera profesional del personal investigador se inicia con el título de doctor, a pesar de contradicciones en varios artículos, dado que en uno se menciona que el “personal investigador es aquel que lleva a cabo actividad investigadora” y en otro se define como “personal investigador predoctoral en formación” a aquellos que estén realizando su tesis doctoral.”
Esto deja ‘en el aire’ al investigador que no posea el grado de doctor, ni esté realizando la tesis. Además, la definición de los grados de carrera profesional deja fuera a los tecnólogos, profesionales que combinan ciencia, técnica y tecnología para innovar. Según explica el director de la Oficina de Jóvenes Investigadores, el desarrollo profesional del personal investigador se articulará en dos etapas previas (formación predoctoral y postdoctoral) y en una carrera profesional. La nueva ley creará un contrato adecuado a los títulos del Espacio Europeo de Educación Superior, más conocido como ‘Plan Bolonia’. En cuanto a la etapa de formación postdoctoral también estrenarán un contrato “más adecuado a los fines de dicha etapa que los existentes en la actualidad”.
El siguiente escalón para el personal investigador será el acceso a una carrera profesional que se articula en grados. El primero, el grado de acceso, que tiene una figura contractual propia, adapta al ámbito laboral español el denominado tenure track. Se trata de una contratación laboral de cinco años con un ‘examen’ al final del tercer año cuya superación conduce a la contratación indefinida. Una vez contratado indefinidamente, el investigador desarrollará su carrera profesional a través de los grados de consolidación y posteriores cuyas características serán determinadas por las entidades contratantes.
Una Oficina para el empleo
Así las cosas, el número de estudiantes españoles atraídos por las enseñanzas científicas es cada vez menor, al contrario de lo que ocurre en países como Japón, India o Corea. Belinchón, que se pregunta el por qué de esta situación considera que, de seguir así, “esta baja vocación hará imposible alcanzar la cifra de investigadores necesaria para que España no pierda el tren tecnológico”. Funciones poco definidas, tareas impropias –hacer fotocopias, renovar los currículos de sus superiores, impartir clases teóricas- o una situación casi de vasallaje respecto al director de la tesis, se encuentran entre las principales quejas de los PIFP (Personal Investigador en Formación y Perfeccionamiento) consultados por Madridiario.
Y una vez doctorados, hay umbrales que es muy complicado cruzar, como el de la empresa privada. “La gran mayoría de los empresarios desconoce en qué consiste un doctorado, ni cuáles son sus posibilidades de desarrollo en una empresa. De la misma forma, muchos doctores tampoco conocen la realidad del trabajo en una empresa, ni saben transmitir de forma adecuada las competencias que poseen a raíz de la realización del doctorado.”, explica José Luis Belinchón. “Por otro lado, las empresas temen que se vayan tan pronto como les ofrezcan un trabajo mejor; piden experiencia laboral, no académica y les previenen de que tener un doctorado se convierte en una barrera para entrar en una empresa, entre otras cosas porque sus superiores tienden a verles como competencia.”, añade el director.
Para sortear todos estos obstáculos, en la Comunidad de Madrid existen servicios como el de la Oficina de Jóvenes Investigadores, “un lugar de encuentro para formar, asesorar, apoyar e introducir a los jóvenes investigadores en el mundo laboral”, explica su director. La Oficina forma parte del Sistema madri+d, una iniciativa de la Dirección General de Universidades e Investigación de la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid, concebida como un espacio común dirigido a investigadores, empresarios, políticos y ciudadanos. Esta institución nació para fomentar la comunicación entre los ámbitos académico e industrial y mejorar así la competitividad de la región mediante la aplicación del conocimiento científico y técnico.
La oficina consta de dos áreas diferenciadas. La Sección de Empleo proporciona ofertas de trabajo a investigadores, busca candidatos para empresas y universidades y ofrece cursos especializados en asesoramiento y orientación profesional. Además, cuenta con uno de los únicos portales de empleo especializado para el profesional científico y técnico que existe en España. En cuanto al Programa de Formación está destinado a investigadores, gestores, empresas y emprendedores de base tecnológica. Estos últimos reciben formación especializada en búsqueda de financiación.
Además, la Fundación madri+d organiza jornadas y talleres sobre Vigilancia Tecnológica y, con el fin de fomentar la participación de investigadores y empresas de la Comunidad de Madrid en el 7 Programa Marco de la UE, ofrece seminarios de Preparación de Propuestas, Gestión de Proyectos Europeos y Propiedad Intelectual e Industrial en proyectos del 7PM; así como un seminario internacional sobre Innovation Policy Design, Implementation and Evaluation. Sólo durante el 2008, se contabilizaron más de 1.600.000 de accesos al portal de empleo en I+D+i, un dato que pone de manifiesto el interés que la investigación sigue despertando en las nuevas generaciones de científicos. Los jóvenes madrileños quieren llegar muy alto, a pesar de los obstáculos.