Opinión

Peligro: teatro derribado

Antonio Castro | Lunes 20 de abril de 2009
Leo en El País que el teatro Albéniz será derribado y en el nuevo edificio que se construya se abrirá otro con capacidad para 800 espectadores. Esta es, parece, una condición municipal para autorizar a los propietarios del inmueble el proyecto en el centro de Madrid. Si se cumple, será un mal menor para el teatro en la Capital. Pero me asaltan serias dudas ante dos casos similares: el teatro Martín y el teatro Jacinto Benavente.

No existe ninguno de los dos. Aquellos viejos edificios se derribaron y se construyeron otros nuevos –de viviendas- sobre sus solares. Si no estoy mal informado –lo que podría suceder- para autorizar esos derribos y posteriores construcciones se impuso la condición de que también tuvieran un teatro nuevo que reemplazara a los desaparecidos. Pero, hasta la fecha, no se ha cumplido. Las viviendas se ocuparon hace años y en las plantas bajas de ambos edificios hay espacio para habilitar salas teatrales. Pero no se hace. Ni se obliga a hacerlo. Me temo –y esto también es suposición mía- que los propietarios dejan pasar el tiempo para, ante la imposibilidad de que nadie abra teatros, pedir el cambio de uso en esas bajeras. Tal vez para supermercados.

El teatro Martín de la calle Santa Brígida, uno de los templos de la revista desde el siglo XIX, se dejó hundir. Literalmente. Un día de 1994 la techumbre cedió sobre la sala, ya cerrada, y se declaró la ruina total. En el nuevo edificio, en los bajos, se llegó a proyectar un extraordinario teatro por los arquitectos Arroyo y De Coca, aunque nunca se llevó a cabo y duerme el sueño de los justos. El Martín nació en 1860 por iniciativa de Casimiro Martín. Teodoro Anasagasti, el gran arquitecto teatral del siglo XX, lo transformó en 1919. Si no recuerdo mal, La estanquera de Vallecas fue su último espectáculo en 1985.

El teatro Jacinto Benavente, el último que llevó el nombre del Premio Nobel madrileño, no llegó a hundirse. Lo tiraron antes, cuando también llevaba años cerrado. Era un modesto local en un emplazamiento donde, ya en 1910, había teatro. En 1933, tras una reconstrucción, se bautizó como Benavente. En 1968 y 1971 se realizaron nuevas obras pero todas las empresas programadoras acabaron por fracasar. Cerró definitivamente el año 1982.

¿Sería posible que la concejalía de Urbanismo revisara los expedientes de estos dos edificios para comprobar si se han cumplido las condiciones impuestas? ¿Tiene potestad el Ayuntamiento para expropiar los locales que deberían destinarse a teatro si los propietarios no cumplen con la supuesta obligación? ¿Alguien puede explicar a los madrileños los detalles de estas operaciones urbanísticas en el centro de Madrid para despejar dudas? Porque, mientras las tengamos, temeremos que, donde todavía se levanta el Albéniz, nunca volverá a abrirse otro teatro vistos los antecedentes.

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