Ciencia y tecnología

El CIEMAT estudia los combustibles alternativos

madri+d | Martes 20 de marzo de 2007
El Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT) ha prestado el apoyo técnico necesario para la realización de un Análisis de Ciclo de Vida (ACV) de combustibles alternativos. A largo plazo, las más drásticas reducciones de emisiones necesarias, requerirán otros biocombustibles, los llamados de segunda generación, o incluso el hidrógeno como nuevo vector energético. 

La Dirección General de Calidad y Evaluación Ambiental (DGCEA) del Ministerio de Medio Ambiente (MMA) solicitó al CIEMAT el apoyo técnico para la realización de un Análisis de Ciclo de Vida (ACV) de combustibles alternativos para el transporte. El objetivo era contar con un conocimiento fiable del comportamiento ambiental de las opciones alternativas a los combustibles tradicionales en las condiciones de introducción reales, tanto presentes como futuras, en nuestro país, para poder definir las líneas de actuación óptimas a corto, medio y largo plazo.

El estudio se ha realizado utilizando la metodología normalizada de Análisis de Ciclo de vida, siguiendo para ello la serie de normas internacionales ISO14040-44. Esta metodología se conoce también como “de la cuna a la tumba”, ya que con ella se analizan todas las entradas de materia y energía que tienen lugar desde que se extraen las materias primas hasta que finalmente se utiliza como combustible. Dos son los aspectos principales en los que se ha trabajado, por una parte el balance energético y por otro la incidencia en las emisiones de gases de efecto invernadero.

El análisis ha permitido comprobar que incluso a porcentajes bajos de bioetanol (5 por ciento), existe una mejora en la eficiencia energética. Para medir ésta se compara la energía que está contenida en un litro de bioetanol con la energía, tanto primaria como fósil, que es necesaria para obtener ese litro de bioetanol. Cuando la relación entre ambas cantidades es mayor de uno (se gasta menos energía de la que luego se va a producir) se habla de más eficiente energéticamente; el bioetanol lo es, ya sea a 5% o a 85%, si comparamos con la gasolina.

Además la incidencia en las emisiones de los gases de efecto invernadero también es importante, ya que debemos recordar que el bioetanol procede de plantas que han fijado, a lo largo de su vida, el CO2 ambiental, con lo cual sería algo así como cerrar el ciclo la devolución de CO2 a la atmósfera en su uso como carburante.

Así, y con datos, la conclusión global es que la sustitución de los combustibles tradicionales por biocombustibles permite ahorrar importantes cantidades de energía primaria y sobre todo fósil. Por otra, que las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) evitadas son también muy importantes.  En el caso de las mezclas a alto porcentaje de biocombustibles como el E85 (85% etanol y 15% gasolina) y los biodiésel puros se pueden ahorrar 92 a 144 g GEI por cada kilómetro recorrido (144 g para el caso del E85 y del biodiésel de aceites vegetales usados y 92 para el biodiésel de aceites vegetales crudos).

Los resultados obtenidos en un estudio posterior con biodiésel, sumados a los de bioetanol, permiten, una vez constatados los beneficios ambientales reales de estos biocombustibles, avanzar en la introducción de estos combustibles alternativos para diésel y gasolina –respectivamente-, una vez solventados problemas distintos de los meramente tecnológicos. Existe el biocombustible, existen los automóviles preparados para utilizarlo y existe la voluntad de incidir positivamente, en la reducción de los gases de efecto invernadero.  Quizás las próximas directrices energéticas nacionales impulsen mediante obligaciones, no sólo con recomendaciones, el uso de bioetanol.

Los resultados de estos estudios demuestran, con cifras concretas, que la introducción de biocombustibles en el transporte puede contribuir de manera eficaz a alcanzar los objetivos de Kyoto de nuestro país.