Antonio Castro | Lunes 23 de marzo de 2009
Desde hace ciento cincuenta años ninguna administración pública ha dejado tranquila a la Puerta del Sol. El actual Ayuntamiento no iba a ser menos y, como ya anticipó hace unos meses, se dispone a enlazar sus obras de reforma con las de finalización de la nueva estación subterránea. ¡Tiemblen los estetas!
Ramón Gómez de la Serna escribió en “La Esfera”, el de 23 de septiembre de 1922, sobre las obras de Sol. Sus palabras no pudieron ser más críticas con todo lo emprendido y anunciado: “Todo el mundo se atreve con la Puerta del Sol cuando lo que necesita la Puerta del Sol es conservar siempre su carácter, ese tipo espontáneo que le ha salido, esa cosa sincera y arbitraria que tiene. “
En otro párrafo sentencia contundentemente: “Los proyectistas de la Puerta del Sol son absurdos.”
Con la Desamortización de Mendizábal, de 1836, la Puerta del Sol comenzó a cambiar. Tres grandes edificios religiosos, la iglesia del Buen Suceso, la de San Felipe y el convento de la Victoria, marcaban su fisonomía. Veinte años después de esa medida contra lo bienes de la Iglesia, se acometió la primera gran reforma, con el derribo de algunas manzanas para conseguir la actual superficie casi semicircular. Desde entonces no se ha parado de poner y quitar fuentes, reordenar el tráfico, plantar y arrancar ajardinamientos y, por supuesto, abrir profundas simas para que llegara el Metro. Dudo que haya una sola generación de madrileños que haya pasado sin ver obras en la Puerta del Sol.
Ahora la recreación de la imagen final muestra una enorme superficie sin coches en la que solamente aparecen las dos fuentes circulares (instaladas en la reforma de 1985), el monumento a Carlos III, colocado allí por votación popular en 1994, y un sucedáneo de árboles. Esperemos que no sean los horrendo macetones de madroños, donde el chulerio masculino tiene actualmente escaparate y pedestal. El resto, la nada, el granito puro, duro y ardiente. Menos mal que, conociéndonos, enseguida aparecerán chirimbolos de todo tipo y volumen, aparcamientos de motos, kioscos de prensa, veladores, manteros, postes señalizadores rompe-crismas, caballetes de publicidad, ninots con más publicidad, camiones para donar sangre, camiones para anunciar programas sociales, camiones para promocionar las Fuerza Armadas, camiones para publicitar las obras públicas, estrados para los oradores de la manifestación diaria, furgonetas de la policía vigilando a los manifestantes diarios, coches oficiales esperando a los miembros del Gobierno regional... suerte tendremos los peatones si ganamos cuatro o cinco metros más de los que tenemos actualmente.
Y, ya metidos en obras, ¿por qué no se hace un concurso para levantar una puerta, con el sol en lo alto como se supone que era la primitiva, para justificar el nombre de la plaza? Se podría encargar a los que han proyectado plazas como las de Vázquez de Mella, Santo Domingo, Soledad Torres Acosta o Tirso de Molina. El círculo del horror urbanístico quedaría cerrado con esa puerta del sol.
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