Opinión

De suciedad urbana

Antonio Castro | Miércoles 18 de marzo de 2009
Este comentario se refiere exclusivamente a la suciedad física. Para nada es una metáfora sobre la corrupción o inmoralidad en la vida pública. Que quiero referirme solamente, a las colillas, pintadas, meadas, basureros callejeros, estercoleros, escombreras y demás guarradas que hacen de Madrid –sobre todo del Centro- una de las ciudades más sucias de Europa. Y bien que me duele decirlo porque el servicio municipal de limpieza es extraordinario. Pero los ciudadanos somos muy sucios, individual y colectivamente.

Vuelvo a hablar de este tema porque esta semana entra en vigor la nueva ordenanza de limpieza, con su cuadro de sanciones. Una ordenanza que -¡ojalá me equivoque!- no servirá para nada. No sirve de nada castigar con 750 euros a quien da de comer a las palomas si no hay un agente sancionador. No sirve poder multar con 6.000 euros a un vándalo grafitero, si nadie extiende la multa. Y si nadie multa a quienes mean, cagan y escupen en las calles ¿para qué sirve la ordenanza? ¿Va a mejorar la limpieza en calles y plazas si no se persiguen los contenedores rebosantes de escombros y basuras? Y los vertederos de residuos de comercios mayoristas autorizados por el Ayuntamiento en las calles de Lavapiés ¿van a seguir a pleno rendimiento como se puede ver en Embajadores, 9, la estatua de Cascorro o la travesía de Dos Hermanas?

Supongo –tal vez esté errado- que vigilar el cumplimiento de las ordenanzas municipales y sancionar a los infractores corresponde a los agentes de la policía municipal. Si es así, me resulta absolutamente increíble que, con más de 7.000 agentes en las calles, muchos de ellos patrullando a pie, la ciudad esté tan llena de cacas de perro, de basura de comercios, de contenedores de reciclaje rebosantes y desbordados. ¿Alguien controla y sanciona a las empresas de reciclaje que no retiran los contenedores llenos durante semanas? Si es usted un ciudadano responsable, indique a un agente de la policía municipal que alguien caga o mea en una esquina.

Dígale al agente que el señor que acaba de pasar con el perrito ha dejado su mierda en la acera. Lo normal será que le responda “ahora mismo aviso a la central”. O sea que, estando a dos metros del infractor, debe avisar a la central. Seguramente será  el protocolo de actuación, pero la mierda se queda en la acera, el dueño del perro tranquilo en su casa y el meón finalizó su faena callejera hace diez minutos. Me resulta inaudito que cada noche se hagan cientos ¡cientos!, de pintadas, generalmente en los mismos barrios, y apenas se sancione a estos vándalos. Claro que, hay que ponerse a sancionarlos y estudiar la forma de actuar de estos incívicos para poder erradicar esta lepra urbana.

Obviamente los principales culpables de esta situación somos los ciudadanos. Los ciudadanos guarros, quiero decir. Esta falta de civismo, este desprecio a la ciudad, como si no fuera nuestra, como si no viviéramos en ella, se traduce en la deplorable imagen que se consigue. Pero, si nosotros manchamos y nadie nos sanciona –ni se ordena taxativamente que lo hagan a quienes pueden hacerlo-, ni ordenanzas, ni posibles sanciones ni campañas de sensibilización mejoraran una situación que es cada día más grave. Y mi reconocimiento a barrenderos y empleados de la limpieza callejera.

Antonio Castro
Cronista de la Villa

TEMAS RELACIONADOS: