Nino Olmeda | Martes 10 de marzo de 2009
Un buen día, un medio de comunicación inició una serie de denuncias sobre supuestos espionajes a políticos del PP, por parte de otros del PP enfrentados con los primeros por la batalla sucesoria del entonces débil y cuestionado Mariano Rajoy. Era enero, se acababa de estrenar el nuevo año 2009, y el líder popular no había disfrutado todavía de las mieles del triunfo de Alberto Núñez Feijóo en los pasados comicios gallegos que le han colocado en buena posición frente a los que esperaban su caída para quedarse con su sillón. La autoridad de Rajoy ha salido reforzada.
Cuando se supo que el vicepresidente, Ignacio González, había sido espiado en algunos de sus viajes fuera de España, saltó la alarma en muchos ambientes de poder político y financiero. Era enero y estaban en todos los comentarios periodísticos y políticos, las controversias por lo que sucedía en Caja Madrid y las cábalas que se hacían sobre el futuro del todavía presidente, Miguel Blesa, y de la Ley regional de Cajas de Ahorro, aprobada en la Asamblea de Madrid a instancias de la presidenta de la Comunidad, Esperanza Aguirre. Poco después, nos enteramos que el vicealcalde de la capital, Manuel Cobo, y el ex consejero de Justicia Alfredo Prada también habían sido vigilados por unos espías de juguete que hacían partes que parecían preparados para llamar la atención por lo chapucero de su elaboración.
La lucecita se encendió en muchos analistas políticos y vieron detrás de estos espionajes la mano de Aguirre contra sus disidentes y poco afectos a sus causas. Si Cobo es la mano derecha del alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, quien, a su vez, es el enemigo de cabecera de Esperanza Aguirre, a la que, por cierto, no se la ve con buenos ojos en los entornos más cercanos al ayer débil y dubitativo Rajoy, y hoy más fuerte y seguro por lo de Galicia, lo más lógico es que de todo esto pueda salir un relato que si no se asemeja a la realidad de cada uno, cada uno puede, con cargo a su conciencia, asemejarla a golpe de prédicas y medias verdades.
La comisión de investigación se crea y el PP saca pecho diciendo que es más transparente que los cristales limpiados con Cristasol. Se pone de plazo límite el 28 de febrero. En esa fecha nadie había comparecido todavía y el PP nos hacía perder el tiempo a todos con cuestiones procedimentales. Se amplió el plazo y se marcó el 30 de marzo como fin de los trabajos de la comisión de investigación, más tarde marearon la perdiz con su tardanza en presentar sus solicitudes de comparecencia, además la documentación solicitada y calificada por la Mesa del Legislativo regional llegó con cuentagotas o nunca lo hizo, y la gran mayoría de los cerca de treinta comparecientes aceptados inicialmente nunca dirán nada porque los populares han dado carpetazo a esta investigación.
La actitud de los grupos parlamentarios ha sido, desde el principio, mantener un guión predeterminado y no moverse de lo preestablecido ni para ir al cuarto de baño a echarse agua en el rostro endurecido por la fijeza de las posiciones. El PP siempre ha considerado inocente al Gobierno de Aguirre y la oposición siempre ha creído que los espías son otra invención de la lideresa para tener todo bajo control. Los diputados preguntaban y repreguntaban siguiendo los guiones señalados en distintos medios de comunicación, cada uno tenía un apuntador, y los diputados de todos los grupos destacaban, después de oír a cada compareciente, que sus tesis habían salido reforzadas. Cuando sólo faltaba la comparecencia del consejero de Presidencia, Justicia e Interior, Francisco Granados, el PP anuncia que se acabaron las disquisiciones sobre los espías y que lo de los partes de seguimientos, algunos con errores, es la chispa que hace saltar todo por los aires.
Con lo fácil que hubiera resultado facilitar que los que iban a comparecer acudiesen a la sede parlamentaria de Vallecas a decir lo que les venga en gana. Los mismos que se dedicaron a entretener al personal político, periodístico y de la calle en general con juegos de espías que nos ponen de mala leche a la mayoría de la población, ahora se ponen de acuerdo para que pasemos a otra cosa mariposa. Algo pasó, eso está claro, pero da la sensación de que seguiremos con dos versiones, al menos, de los espionajes.
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