Sara Medialdea | Lunes 29 de diciembre de 2008
Caminamos por el mundo con las prisas puestas, convencidos de que se nos va la vida en llegar unos momentos antes a la oficina, pasar ese semáforo que ya cambia el ámbar por rojo, o adelantarnos al señor de al lado en la cola del cine. Vivimos inmersos en la velocidad, sin un minuto que perder. Y dejando cada día de lado lo importante para ocuparnos sólo de lo urgente. No tenemos tiempo, nos repetimos, sin comprender que con ese sprint continuo no hacemos otra cosa que perderlo irremisiblemente. Pero hete aquí que viene la ciencia y nos pone a cada uno en nuestro sitio: resulta que este año que estamos a punto de estrenar, empezará un segundo más tarde. Y el que tenga prisa, que se aguante.
La cosa es como sigue: al parecer, la hora se fija en relación con la rotación media de la Tierra en relación con los cuerpos celestes. Pero la Tierra empieza a mostrar síntomas de cansancio, o tal vez únicamente ha decidido, con la madurez, tomarse las cosas con una sabia tranquilidad. Y su rotación es cada vez más lenta. Por esa razón, hay una necesidad de ajustar los relojes del mundo a esa nueva velocidad de rotación, lo que se traduce en un segundo más que hay que añadir al año que ahora se acaba.
No es la primera vez que ocurre: hasta la fecha, se han añadido ya 24 segundos extras en diferentes años, para cuadrar las cuentas temporales. ¿Y un segundo es mucho, o poco? Depende; en un segundo da tiempo a dar un “si” o un “no”; es lo que se tarda en enviar un mensaje de móvil a un amigo; en ese periodo se puede pulsar el “botón rojo” que hace estallar en pedazos un coche, un edificio o un país; se toman decisiones trascendentes para nuestra vida; se firma un ERE o un contrato indefinido; un segundo es lo que separa la vida de la muerte, y viceversa.
Así que ya lo saben: cuando estén con la copa de cava en la mano, y las doce uvas aún atragantándoles, recuerden que este año que tan poco les ha gustado a muchos, en el que tantas desgracias han sucedido y que nos ha marcado a fuego las palabras “crisis” y “paro”, se despide regalándonos un segundo. A ver cómo lo utilizan.
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